En Kiev se ha completado el trabajo de la propuesta de ley sobre la reintegración de Donbass, de la que lleva hablándose todo el verano. El documento contiene numerosas innovaciones originales y varias lanzas en dirección a Moscú. Pero lo más importante es que supondría enterrar los acuerdos de Minsk. Según Kiev, la ley cuenta con el apoyo europeo.

A juzgar por los orgullosos comentarios de la representante del presidente Petro Poroshenko en las negociaciones de Minsk, Irina Lutsenko, Kiev no ha tenido en cuenta ninguna de las propuestas de Rusia en relación al proyecto de ley de reintegración de Donbass. Eso quiere decir que, más allá de la propaganda, la ley no podrá aplicarse.

Eso consolidará oficialmente el fracaso de las autoridades de Kiev con los acuerdos de Minsk, que no se han puesto en práctica. Y parece que tanto Francia como Alemania se han resignado ya a ese fracaso, salvo que Lutsenko no diga la verdad, como ocurre en Kiev de forma habitual.

La representante del Bloque Poroshenko en el Parlamento comentó lo que calificó de “novedad fundamental” de la ley: “¿la cosa más importante que se ha introducido como novedad en la ley? Primero y más importante, por primera vez a nivel legislativo, se incorpora la noción de Rusia como país agresor”. No está muy clara la lógica del uso del término “primera vez”. En una ocasión anterior, el Parlamento ya había reconocido a Rusia como “país agresor”.  Fue el 27 de enero de 2015 a iniciativa de Yulia Timoshenko, Oleh Lyashko y otros diputados. Además, los parlamentos regionales también pusieron de su parte y calificaron a Rusia de agresor. Ocurrió también en 2015. Puede que tenga en mente que ahora ese documento que contiene esa acusación será firmado por el presidente de Ucrania, pero aun así, la expresión “primera vez” sigue pareciendo extraña.

El proyecto de ley incluye, también según ha explicado Lutsenko, la noción de que Ucrania no es responsable de lo que ocurre en los “territorios temporalmente ocupados”. Esto sí parece algo novedoso. Rusia, incluso en los años en los que Chechenia fue de facto independiente, continuó cumpliendo con sus obligaciones de pagar las pensiones a los pensionistas chechenos. Sobre las violaciones de los derechos humanos en ese territorio, los defensores de los derechos humanos en Occidente también exigían respuestas a Rusia.

Se presenta así una interesante formulación de la cuestión: queremos reintegración, pero no queremos responder por nada. Pero, claro, el objetivo del planteamiento es declarar las acciones militares en Donbass “legítima defensa” según el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. “Esto no quiere decir que declaremos la guerra a Rusia, no tenemos una guerra, no. Hay un país agresor. Aquí se pueden identificar claramente los puntos que nos dan la oportunidad de formular que Ucrania tiene derecho a defenderse. Esto no es, insisto, una guerra, sino legítima defensa. Y esto es para asegurar que el Fondo Monetario Internacional siga dándonos dinero, es para los inversores”, confesó la representante de Poroshenko.

Resulta que hay un país agresor y legítima defensa, pero no hay guerra. La situación se puede calificar como el reverso de la película rusa prohibida en Ucrania DMB [Desmovilizado]: “¿Ves la ardilla? Sí, la veo. Pero no está ahí”.

Al final de sus declaraciones, Lutsenko afirmó que Kiev ya ha celebrado consultas con los países del “Cuarteto de Normandía” y Estados Unidos sobre la ley, documento al que no han planteado objeciones.

En el caso de Estados Unidos no hay duda: el mantenimiento del conflicto en Donbass es beneficioso para ellos en todos los aspectos, tanto para mantener ocupada a Rusia ya sea para prevenir cualquier posibilidad de reconciliación entre Kiev y Moscú, para distraer a la Unión Europea de otros asuntos globales  o como potencial mercado para la venta de armas y munición.

Pero la afirmación del apoyo de Alemania y Francia hace surgir serias preguntas para esos países. La ley según la cual uno de los países que participa en el “Cuarteto de Normandía” es calificado de agresor; la ley según que declara el conflicto en Donbass como un conflicto internacional y que descarga de responsabilidad de nada de lo que allí ocurra a Ucrania no solo ignora los acuerdos de Minsk, sino que los contradice abiertamente.

Así que hay dos opciones de cómo pueden desarrollarse los acontecimientos. O Francia y Alemania se oponen firmemente a la adopción de esta ley que completamente contradice al proceso de Minsk o el Parlamento ucraniano adopta esta ley y el presidente la firma, con lo que una de las partes dejará de considerar que debe regirse según los acuerdos de Minsk.

A juzgar por la “tregua de la cosecha” en Donbass y la recientemente declarada tregua a raíz del inicio del curso escolar, ninguna de las cuales se ha cumplido, Kiev tiene interés en un futuro empeoramiento del conflicto y, una vez más, busca una excusa para pedir ayuda a Occidente y desviar la atención de sus ciudadanos del empeoramiento de la situación económica.

Pero la “ley sobre la reintegración de Donbass” no será diferente a otras leyes ucranianas referidas a la población de la península rusa de Crimea o las Repúblicas no reconocidas. Para ellos no cambiará nada, pero el hecho de que se convierta en ley muestra algo evidente: Kiev no tiene intención de cumplir con los acuerdos de Minsk y no está dispuesta a reconocer que lo que ocurre en Donbass es una guerra civil. Así que podemos dejar de discutir un documento que es pura propaganda y comenzar a buscar los métodos para parar la guerra.