Guerra de Corea, 1950-1953.

EEUU ha estado burlándose de Corea del Norte desde que la convirtió en ruinas y firmó el armisticio, hace sesenta y cinco años, después de su derrota.

Vamos a hablar de Corea del Norte. La mención de este pequeño país parece ofuscar la racionalidad y la cordura de quienes deberían tener un mejor criterio. El domingo 6 de agosto, por ejemplo, The Guardian tituló su editorial: “Nuestra opinión sobre las sanciones: son una herramienta esencial”. Es evidente que el periódico de referencia de la izquierda hace mucho que olvido a las cinco mil personas, la mayoría niños, que por término medio fallecieron en Irak, año tras año a lo largo de una década, a causa del embargo -un genocidio en nombre de la ONU.

Ahora el objetivo es Corea del Norte, país sobre el cual el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de votar unánimemente a favor de bloquear, estrangular y negarle lo imprescindible, la normalidad, la humanidad. Diplomacia de toda la vida, sin ninguna consideración. Sin embargo, y por increíble que parezca, The Guardian declaró que las sanciones asfixiantes son “un raro triunfo de la diplomacia…” ( The Guardian , 6 de agosto, 2017).

Mientras el más alto “diplomático” de EEUU, el secretario de Estado Rex Tillerman, y su homónimo norcoreano Ri Yong-ho se dirigían a la reunión ministerial anual de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Manila, el 5 de agosto, un portavoz del departamento de Estado declaró que “el secretario no tiene previsto reunirse con el ministro de asuntos exteriores norcoreano en Manila y yo no creo que dicho encuentro vaya a producirse”.

Es patético. En abril, cuando iban a cumplirse sus cien días en el cargo, Trump declaró a propósito de Corea del Norte:

“Estaríamos encantados de resolver las cosas diplomáticamente, pero es muy difícil”.

No, no lo es. Hay que hablar, ponerse en el lugar del otro. En ese momento estaban ahí, en el mismo lugar. Pero es evidente que la administración Trump no vive en un país de oportunidades perdidas, sino de oportunidades enterradas deliberadamente kilómetros bajo tierra. Y todo ello a pesar de haber afirmado en la misma declaración:

“Existe la posibilidad de que acabemos teniendo un conflicto verdaderamente grave con Corea del Norte. Claro que existe”.

Pongamos las cosas en perspectiva: el 27 de julio de 2017 se cumplieron sesenta y cuatro años desde la firma del armisticio que puso fin a la devastadora guerra de tres años en Corea, aunque nunca llegara a firmarse un acuerdo de paz, por lo que, técnicamente, la Guerra de Corea nunca terminó. Tomando en cuenta este hecho y la inclinación de EEUU por aniquilar países con poca población que no les suponen ninguna amenaza (pensemos, más recientemente, en Afganistán, Irak o Libia), no es de extrañar que se pretenda que Corea del Norte tenga algún tipo de equipamiento bélico pesado detrás de la puerta, por decirlo de alguna manera.

La pequeña Corea del Norte posee una población de 25 millones de habitantes y una superficie de 120.540 km2 . EEUU tiene una población de 323 millones y una superficie de 9millones 834.000 km2 . Además, se calcula que desde 1945 EEUU ha fabricado unas 70.000 armas nucleares, arsenal que ahora está reducido a “tan solo” cerca de 7.000. ¿Es realista pretender que Corea del Norte sea una amenaza?

EEUU tiene 15 base militares en Corea del Sur -¡llegó a tener 54!- repletas de todo tipo de armas de destrucción masiva. Dos de ellas están justo en la frontera con Corea del Norte y otra en sus cercanías.

Corea del Norte guarda la memoria colectiva del terror provocado por EEUU en la guerra de tres años contra un país que entonces contaba con una población inferior a 10 millones de almas. Al acabar la guerra, el general Curtis Lemay afirmó: “Después de la destrucción de 78 ciudades y miles de aldeas en Corea del Norte y de la muerte de una cantidad innumerable de civiles […] A lo largo de unos tres años, exterminamos a alrededor del 20 por ciento de la población”.

“Actualmente se considera que la población al norte del Paralelo 38 perdió casi un tercio de sus 8 o 9 millones de habitantes durante la guerra “caliente” de 37 meses, de 1950 a 1953, posiblemente un porcentaje de mortandad sin precedentes sufrido por una nación a causa de la beligerancia de otra”.

Para situar estas cifras en contexto diremos que, durante la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido perdió el 0,94% de su población, Francia perdió el 1,35%, China el 1,89% y EEUU el 0,32%. Durante la Guerra de Corea, Corea del Norte perdió cerca del 30% de su población”.

El general Lemoy alardeó de que “fuimos hasta allí a librar la guerra y al final prendimos fuego a toda ciudad de Corea del Norte, de una forma u otra”.

El general Douglas MacArthur declaró en una comparecencia ante el Congreso en 1951 que nunca había presenciado una devastación así.

“No puedo expresar con palabras el horror que me estremece […] por esta carnicería constante en Corea”, afirmó MacArthur.

“Supongo que he visto tanta sangre y destrucción como el que más; la última vez que estuve allí se me revolvieron las tripas” (CNN, 28 de julio de 2017).

A pesar de estar tan horrorizado, no llegó a mencionar a las mujeres, niños y bebés incinerados en aquella ocasión. Robert M. Neer escribió en “Napalm, an American Biography”:

“El oficial químico Townsend escribió en enero de 1951 que prácticamente todos los aviones de combate estadounidenses que volaban sobre Corea transportaban al menos dos bombas de napalm. En 1950, cayeron sobre Corea alrededor de 80.000 litros de napalm. Cuando los combates se intensificaron tras la intervención de China, esta cifra se triplicó con creces […] Un total de 32.257 toneladas de napalm fueron arrojadas sobre Corea, aproximadamente el doble de las que cayeron sobre Japón en 1945. Los aliados no solo arrojaron más bombas sobre Corea que sobre el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial (635.000 toneladas frente a 503.000 toneladas), sino que la mayor parte de ellas fueron de napalm…”.

Según informaciones, en Pyongyang, la capital de Corea del Norte, solo quedaron en pie dos edificios.

Corea del Norte era seguramente el país con menos población de los que EEUU había atacado en su interminable historia belicista, hasta que en octubre de 1983 invadió la diminuta isla de Granada, con una población de apenas 91.000 habitantes (operación a la que dio el estúpido nombre de Furia Urgente).

EEUU ha estado burlándose de Corea del Norte desde que la convirtió en ruinas y firmó el armisticio, hace sesenta y cinco años, a pesar de lo cual el inmenso y autodenominado “líder del mundo libre” se considera la víctima del conflicto.

El 21 de agosto de este año han dado comienzo “grandes maniobras por tierra, mar y aire en las que han intervenido decenas de miles de soldados” de EEUU y Corea del Sur; dichas maniobras se prolongarán hasta el 31 de agosto.

Según The Guardian (11 de agosto de 2017), “se cree que en el pasado estos ejercicios han incluido `ataques de decapitación´: operaciones de ensayo para intentos de asesinar a Kim Jong-un y sus máximos generales…”.

El inevitable estúpido nombre elegido para esta operación peligrosa, beligerante, despilfarradora y chulesca es Ulchi-Freedom Guardian. Estas maniobras se han repetido anualmente desde que se iniciaron en 1976.

Recientemente, bombardeos estadounidense B-B1 desplegados desde Guam* han llevado a cabo ejercicios militares en Corea del Sur y “han ensayado tácticas de ataque dejando caer proyectiles inertes sobre la cordillera de Pilsung. También ha salido a la luz que, en una nueva acción provocativa (e ilegal), bombardeos estadounidenses sobrevolaron Corea del Norte continuando una serie de operativos intimidatorios y amenazadores, supuestamente once desde mayo de este año.

Pero, a pesar de todo, Corea del Norte es el “agresor”.

“Las cabezas nucleares de EEUU se almacenan en 21 lugares, entre los que se incluyen 13 estados de EEUU y cinco países europeos […] otras están a bordo de submarinos estadounidenses. Existen además otras cabezas nucleares “zombis”, guardadas en reserva, 3.000 de las cuales siguen aguardando su desmantelamiento. [EEUU] extiende además su “paraguas nuclear” sobre otros países como Corea del Sur, Japón y Australia” (worldatlas.com).

El ministro de asuntos exteriores ruso Sergey Lavrov, que asistió también al encuentro de ASEAN en Manila, hizo lo que se supone que hacen los verdaderos diplomáticos y conversó con su homónimo coreano, Ri Yong-ho. Un corresponsal del Fort Russ News (7 de agosto de 2017) enviado al acto resume así la opinión de Lavrov:

“La península de Corea se mantiene en estado de crisis no solo a causa de las constantes amenazas por parte de EEUU, sino también a diversas acciones provocativas, como las maniobras militares conjuntas de Washington y Seul en medio de una gran tensión, que Pyongyang considera una amenaza para su seguridad nacional”.

Las “acciones provocativas” incluyen asimismo vuelos amenazantes de aviones estadounidenses que despegan desde Guam. Sin embargo, cuando Corea del Norte declaró que, de continuar con estas operaciones, ellos considerarían disparar misiles sobre el océano cerca de Guam -no sobre Guam, como informaron histéricamente ciertos medios-, Donald Trump -que ocasionalmente aparece por la Casa Blanca entre una y otra partida de golf, comiendo pastel de chocolate mientras se lía al explicar cuál es el país sobre el que acaba de lanzar 59 misiles Tomahawk- respondió que la diminuta Corea del Norte tendrá que volver a afrontar “el fuego y la furia y, francamente, un poder de una magnitud tal que nunca se ha visto antes en este mundo”.

El hecho de que Corea del Norte reaccionara ante este bombazo con una declaración de lo más razonable prácticamente pasó desapercibido:

[EEUU] “debería detener inmediatamente su temeraria provocación militar contra la República Popular Democrática de Corea para que esta no se vea forzada inevitablemente a adoptar una opción militar”.

Como afirmaba Cheryl Rofer, en lugar de sus continuas amenazas, la diplomacia de EEUU tiene muchas otras alternativas:

“Podríamos haber enviado un mensaje a Corea del Norte a través de la visita que recibió de un funcionario canadiense que acudió al país a liberar a uno de sus ciudadanos. Podríamos enviar un mensaje a través de la embajada de Suecia en Corea del Norte, que a menudo es utilizada para representar a los intereses estadounidenses. Podríamos organizar alguna operación diplomática dejando que China asumiera el liderazgo. Hay muchas posibilidades, cualquiera de las cuales podría dar a entender a Correa del Norte que vamos a abandonar las prácticas que les atemorizan si ellos consideran abandonar algunas de sus acciones. En esta ocasión no deberíamos incluir su programa nuclear, pero ello nos dejaría la puerta abierta para hacerlo posteriormente”.

De hecho, existe un total de 24 misiones diplomáticas en Corea del Norte, a través de las cuales EEUU podría mantener contactos -por no hablar de que Trump podía comportarse de una vez como un adulto y coger el teléfono él mismo.

Siegfried Hecker fue el último oficial estadounidense en visitar las instalaciones nucleares norcoreanas. Según este oficial, considerar que Kim Jong-un está a punto de iniciar un ataque a EEUU es tan peligroso como incorrecto.

“Muchos gustan de describir a Kim como un loco, lo que hace pensar a la gente que el tipo es alguien imposible de disuadir. Pero no está loco y no es un suicida. Ni siquiera es impredecible. La verdadera amenaza es vernos envueltos en una guerra nuclear en la península de Corea”.

Trump pronunció su burda amenaza de “fuego y furia” en vísperas del 62º aniversario del bombardeo nuclear a Nagasaki, aunque aparentemente no fue consciente de la nauseabunda ironía.

¿Surgirá algún adulto en el Congreso de EEUU antes de que sea demasiado tarde? ¿Alguien capaz de mostrar las cosas como son?

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