La nueva etapa en la confrontación entre Estados Unidos y la República Popular Democrática de Corea (RPDC, Corea del Norte) parece venirle como anillo al dedo a las proyecciones estratégicas norteamericanas en Asia Pacífico.

Tras la realización del ensayo nuclear este domingo por parte de las fuerzas armadas norcoreanas, -el sexto de su tipo- tuvieron lugar declaraciones amenazantes y promesas de nuevas y fuertes sanciones por parte de la Casa Blanca, contra las autoridades de Pyongyang, las que insisten en el carácter defensivo de esta y otras acciones similares.

De acuerdo con informes de medios de prensa especializados, el mando castrense surcoreano realizó este lunes un ataque simulado contra el sitio donde supuestamente la RPDC realizó ayer la prueba con una bomba de hidrógeno.

Durante estos simulacros realizados en el mar de Japón, Seúl utilizó cohetes superficie-superficie Hyunmoo-2A y los aire-tierra SLAM-ER de largo alcance disparados desde sus cazas F-15K.

La maniobra se hizo sin la participación de unidades estadounidenses, pero en los próximos días se prevé la puesta en marcha de nuevos ejercicios con el fin de preparar condiciones ante una posible confrontación, según informes del Pentágono y del mando militar de Corea del Sur.

Además, el entrenamiento tuvo lugar pocas horas después de que el secretario norteamericano de Defensa, James Mattis, anunciara una ‘respuesta militar masiva’ si Pyongyang amenazaba a Estados Unidos o sus aliados.

Seúl y Washington consideran la posibilidad de desplegar al menos un portaaviones de propulsión nuclear, bombarderos estratégicos y otras fuerzas y medios hacia región en las próximas semanas, como respuesta a la prueba atómica, asegura el diario The Stars and Stripes.

Aprovechando esta coyuntura, Seúl también aprobó el despliegue -posiblemente para la próxima semana- de cuatro nuevas baterías del polémico sistema de Defensa Anticoheteril de Gran Altura (Thaad), tras asegurar que el gobierno de Pyongyang se alista para realizar nuevos lanzamientos.

Estos medios se instalarían en el mismo lugar donde están las dos primeras unidades de Thaad: en la aldea de Seongju, provincia de Gyeongsang, a unos 300 kilómetros al sur de Seúl, y que entraron en servicio a finales de abril.

Beijing se opone con fuerza a esta medida, que en realidad tiende a romper el equilibrio estratégico en la zona, debido -entre otros factores- a que sus radares permiten ahora al Pentágono monitorear el movimiento de sus medios balísticos en la profundidad del territorio chino.

En medio de esta situación tuvo lugar este lunes la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, en la cual el representante permanente de Rusia, Vasily Nebenzya, advirtió que solo el diálogo y la negociación pueden resolver el diferendo.

Nebenzya reiteró la propuesta conjunta de China y Rusia que pide la congelación por la RPDC de su programa nuclear y de las maniobras militares de Estados Unidos y sus aliados en la península.

Por su parte, la embajadora norteamericana, Nikki Haley, llamó a agotar todas las gestiones diplomáticas antes de que sea demasiado tarde y reiteró las tradicionales amenazas contra Pyongyang.

Anteriormente, la representación estadounidense había sugerido la aprobación de restricciones al transporte aéreo y marítimo desde y hacia la RPDC, así como la imposición de medidas adicionales para evitar el acceso de la nación asiática al petróleo y otros productos clave, posiciones rechazadas por Rusia.

Lo cierto es que los tuits del mandatario estadounidense, los lanzamientos de misiles norcoreanos y ahora la realización de esta prueba nuclear, llevaron a un nivel sin precedentes las tensiones acumuladas en los últimos meses.

Desde hace varios meses, con el pretexto del desarrollo del programa nuclear norcoreano, Washington y sus aliados aumentaron la presencia aeronaval en el área, donde desarrollan grandes ejercicios militares, percibidos por Pyongyang como acciones hostiles en su contra.

A juicio de especialistas, este despliegue bélico pretende reafirmar las intenciones estadounidenses de aumentar a toda costa sus prerrogativas hegemónicas en la zona, bajo los efectos de una premeditada campaña mediática que intenta culpar de todo a la RPDC.

Al parecer, el objetivo estratégico de estas demostraciones de fuerza es, en definitiva, ‘amedrentar’ a China y afianzar el precedente de que la última palabra en el teatro de operaciones la tiene la Casa Blanca.

De hecho, todo esto se inscribe en la política anunciada en noviembre de 2011 por el presidente Barack Obama en Australia -denominada Asia pivot o giro asiático- que la actual administración parece darle continuidad.