Ashin Wirathu en la portada de la revista Times.

Además de las autoridades de Myanmar y las fuerzas de seguridad de este país hay otros que también tienen culpa de la situación actual y la masacre de rohingyas.

En los últimos días ha habido una nueva ola de violencia perpetrada por el Gobierno de Myanmar contra la minoría musulmana Rohingya en el país asiático que hasta el momento ha dejado al menos 400 muertos mientras que más de 123.000 personas de esta minoría han tenido que huir de la violencia a Bangladés.

La culpa cae en gran medida sobre las autoridades birmanas y en especial el Ejército de dicho país pero no se puede ignorar el papel que otros actores no gubernamentales juegan en este episodio de violencia y en incitar a la población local en contra de la minoría musulmana de cerca de 1 millón de personas que se encuentran en este país.

En este caso, sorprendentemente, se trata de Ashin Wirathu, un monje budista quien es el líder espiritual del movimiento antimusulmán en Birmania y quien, tras presenciar las retóricas islamófobas del presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que él y Trump son muy similares.

Nacido en 1968 cerca de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar, Wirathu no terminó sus estudios de secundaria para convertirse en monje. Poco después de lograrlo, en 2001, se unió al notorio Movimiento 969, grupo islamófobo que se define como opuesto a “la expansión del Islam en el país budista de Myanmar”.

Tras varios años en el Movimiento 969 Wirathu llegó a convertirse en el líder de este grupo islamófobo que, abiertamente y públicamente, incitaba a la violencia contra los musulmanes para presionarlos para que salgan de Myanmar.

Esta figura islamófoba —que la revista Times, en su portada, le bautizó como “la Cara del Terror Budista”— pasó desde el 2003 hasta 2012 en la cárcel por haber incitado a la violencia pero fue liberado junto a presos políticos.

La campaña islamófoba de Wirathu no se limita solo a incitar a la violencia ya que este monje budista es además quien lanzó una campaña para boicotear los negocios y comercios de los musulmanes y además quien reunió a decenas de miles de monjes budistas en 2012 para apoyar la controversial iniciativa del expresidente birmano Thein Sein de expulsar a todos los rohingyas a otro país.

Wirathu también goza de instrumentos a su merced para impulsar su agenda racista a nivel político en Myanmar: en 2013 el Ministro de Asuntos Religiosos de Myanmar impulsó cuatro legislaciones controversiales redactadas por los monjes budistas de la Asociación Patriótica de Myanmar (conocida como Ma Ba Tha), organización en la cual Wirathu es uno de sus líderes más destacados.

Dichas legislaciones, bautizadas como leyes de “Protección de la Religión y la Raza”, impusieron severas limitaciones sobre asuntos como el matrimonio interreligioso y el cambio de la religión mientras que organizaciones defensores de los derechos humanos advirtieron que su entrada en vigor pone en peligro la libertad de religión en Myanmar y discrimina contra los musulmanes.

Sorprendentemente también una de las leyes impone límites sobre el número de hijos que puede tener una mujer y especifica que en ciertas regiones del país —las zonas de mayoría musulmana— debe haber un espacio de al menos 36 meses entre el nacimiento de sus hijos, algo que, si no se cumple, traerá consigo severos castigos para la mujer y el padre de los hijos.

Las retóricas agresivas y racistas de Wirathu contra los musulmanes hasta han levantado la ira y atraído críticas de otros monjes budistas. “Esto no es lo que ha enseñado Buda. Las enseñanzas de Buda especifican que el odio no está bien ya que el Buda ve a todos como iguales. Buda no juzga a la gente por su religión”, dice Abbot Arriya Wuttha Bewuntha, un monje del monasterio Myawaddy Sayadaw.

Wirathu tampoco tolera a los representantes de entes internacionales y organizaciones defensores de los derechos humanos que tratan de investigar los hechos de violencia y los muchos crímenes que se cometen contra esta minoría étnica que hasta se le ha privado de su derecho a la ciudadanía y que viven bajo condiciones similares a los sudafricanos de color bajo el régimen de Apartheid.

“No asumas que eres una persona respetuosa por el puesto que tienes. Para nosotros, solo eres una puta/pu…”, dijo Wirathu en declaraciones dirigidas a la relatora de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la situación de los derechos humanos en Myanmar (Birmania), Yanghee Lee, quien estaba de visita en Myanmar y quien, tras ver la situación en las regiones donde viven los rohingyas, advirtió sobre la situación precaria en la que vivían y la creciente discriminación hacia ellos.

Al parecer este monje budista tiene ambiciones internacionales dado que en 2014 atendió una conferencia en Colombo, la capital de Sri Lanka, donde anunció que el Movimiento 969 que lidera tiene planeado trabajar con Bodu Bala Sena, organización ultraderechista ceilanés que, también, es conocido por su agenda islamófoba.

A su vez Wirathu desconoce que los rohingyas estén sufriendo ni que estén en situaciones precarias y, a pesar del sinfín de evidencias que descartan sus alegaciones, asegura que la comunidad rohingya cuenta con todas las necesidades básicas y hasta tiene excedentes de comida, por lo que, insiste, los rohingyas venden comidas para ganar dinero.

Sobre los crímenes de los militares birmanos contra los rohingyas, Wirathu asegura que solamente se trata de “estupideces” mientras que sus comentarios sobre las violaciones de los rohingyas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad de Myanmar —de las que, también, hay amplias pruebas irrefutables— han causado la ira de los observadores internacionales y los activistas.

“Imposible, sus cuerpos son demasiado repugnantes”, dijo Wirathu durante una entrevista con el rotativo británico The Guardian al ser preguntado sobre su opinión sobre los casos de violaciones y abusos cometidos por los militares contra las mujeres rohingyas.

No obstante, a pesar de la gran influencia de este islamófobo monje en las últimas semanas no ha habido suficiente enfoque sobre él y parece que no se le da tanto crédito como merece por la incitación al odio en Myanmar y de apoyar a las autoridades en su brutal campaña en contra de la comunidad rohingya.

¿Qué está pasando en Myanmar?

En los últimos días, las autoridades birmanas han lanzado una fuerte política de represión contra esta población, masacrando a sus miembros y quemando sus casas, y se calcula que entre 200.000 y 500.000 refugiados rohingyas viven actualmente en la precariedad, la mayoría en campamentos miserables y superpoblados.

Los incesantes ataques brutales y las duras condiciones de vida han obligado a esta población a abandonar sus casas y buscar refugio en el país vecino Bangladés. Y como consecuencia, ahora, miles de desplazados han recorrido un duro camino y ya se encuentran en la frontera del país sin acceso a sus necesidades básicas.

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