El plan maestro de la Unión Europa (UE) para controlar la llegada de refugiados a Europa desde los puertos libios, que consistía en encontrar una fórmula para unificar las diferentes fuerzas políticas y milicias laicas o moderadas que ejerzan el control del flujo al modo que han pactado con Turquía, parece estar próximo a zozobrar.

Tras el encuentro en julio pasado en chateau de la Celle- Saint Cloud, a las afueras de París, auspiciado por el presidente Emmanuel Macron, entre Fayez al-Serraj del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), designado presidente por la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL), en marzo de 2016 y el auto postulado hombre fuerte del país, el general Khalifa Haftar, fortalecido políticamente, tras la toma de la ciudad de Bengazzi por sus fuerzas, en julio pasado, después de  tres años de combates y cuyo referente político es la Cámara de Representantes de  la ciudad de Tobruk, habían acordado un alto el fuego y la utilización de sus fuerzas solo para la lucha contra el terrorismo.
A pesar de lo acordado, las fuerzas de Haftar siguen hostigando a organizaciones como las milicias de Misrata, vinculadas a Fayez al-Serraj, lo que podría tirar por tierras las ilusiones de Macron.

A la confusa atmósfera de grupos armados que responden a distintas ciudades, Trípoli, Tobruk, Misrata, Bengazzi o Sirte, se agrega la reaparición muyahidines de Daesh, a unos 130 kilómetros al sur de Sirte, la que hasta diciembre de 2016 fue la capital del Califato, ha puesto en alerta no solo a los bandos políticos que hoy gobierna Libia sino también a la UE.
Cuando los hombres del Califa Ibrahím (Abu Bakr al-Bagdadí) abandonaron la ciudad de Sirte, en diciembre pasado, buscaron refugio en el sur del país y ahora parecen estar intentando alcanzar las regiones centrales y norte de Libia, donde posicionarse para establecer, otra vez como lo fue en un principio Derna y luego Sirte, un punto de donde volver a su sueño de establecer un Califato. Según diferentes servicios de inteligencia el número de combatientes superarían el millar y se encuentra en crecimiento, aunque la cifra todavía está lejos de los 5 mil que llegaron a ser antes de su derrota en Sirte.

Esos refuerzos podrían estar llegando a Libia desde organizaciones wahabitas, provenientes del oeste: Marruecos, Argelia y Túnez, desde el sur por parte de los muchos focos integristas que actúan en el  Sahel, particularmente en el norte de Mali, Níger y Chad e incluso refuerzos de los nigerianos de Boko Haram y veteranos de Siria e Irak, donde las bandas están en franco retroceso.

Desde que Daesh fue desalojado de Sirte por el grupo al-Buyan al-Marsus, las milicias moderadas de la ciudad de Misrata y hombres del general Haftar, pareció difuminarse por las porosas fronteras del Magreb y en una región de cuevas en el centro del país, donde resistieron hasta hace poco más de un mes.

El panorama libio se vuelve a enturbiar con la reaparición de Daesh en el ataque contra un puesto de control vehicular cercano la ciudad de Jufrah, a 500 kilómetros al sur de Trípoli, donde los terroristas asesinaron a 14 personas, 11 de ellos fueron decapitados, la mayoría hombres y pertenecían a las milicias del general Haftar.

El domingo 27 de agosto, el sitio Amaq, que funge como órgano de oficial de la banda terrorista, mostró un nuevo video donde varios muyahidines, instalaban un puesto de control en la ruta que vincula el oasis de al-Jufra con la ciudad costera de Abu Grein en oeste de la ex capital de Daesh. En la grabación se observa cómo milicianos del califato, chequean camiones y automóviles. En el mismo video se muestran dos prisioneros: Sagayar Majri, secuestrado en mayo último, miembro de la Asamblea Constituyente de Libia, y Mohamad Abu Bakr, de la Guardia de Instalaciones Petroleras (PFG).

Con la caída de Sirte, cuna del coronel Gaddafi, en diciembre último, tras varios meses de asedio se creyó que el grupo terrorista se iría a desperdigar buscando otros focos de terrorismo fuera de Libia, su retorno aleja cualquier posibilidad de acuerdo a la turca entre Libia y la Unión Europea.

La llaga de los refugiados

Sin la posibilidad de cerrar los puertos libios, de donde salen a diario cientos de embarcaciones con miles de refugiados que intentan llegar a Italia, la llaga que tanto perturba a la Unión Europea sigue abierta y sangrante.

Impedir la llegada de refugiados se ha transformado en una obsesión para Italia, a punto del colapso político y social que podría desbordar hacia posturas ultraderechistas como se están dando en Alemania y otros países de Europa.

Las regulaciones que se intentan establecer las operaciones de rescate de las ONG en el Mediterráneo por parte de la UE e incentivar arreglos con el gobierno de Fayez al-Serraj, quien en realidad controla poco más allá de la casa de gobierno en la propia Trípoli, ciudad donde diferentes grupos armados que van de traficantes de droga a integristas pro al-Qaeda o Daesh, disputan en verdaderas batallas la posesión de barrios. Libia ha sido envuelta en un estado anárquico, que sin duda desembocara en  la concreción de un Estado fallido, ya que la intervención de Estados Unidos y la OTAN, tendría que ser con tropa en tierra, lo que seguramente sus pueblos no estarían dispuestos a financiar.

Expertos en derechos humanos de  migrantes y tortura han denunciado que la UE está actuando “en contravención con la obligación de rescatar a las personas en peligro”, según la Organización Internacional de las Migraciones, en lo que va del año casi 2 mil 400 refugiados murieron ahogados intentado atravesar el Mediterráneo central.

Los nuevos planes de acción de la UE pretenden impedir la salida de más embarcaciones, condenando así a más de un millón de refugiados que espera en los diferentes puertos libios la posibilidad de abordar alguna embarcación, tras atravesar miles de kilómetros, provenientes de cada rincón de África y países tan lejanos con Afganistán, Bangladesh, los que son sometidos a toda clase de vejámenes desde torturas y maltrato, detención, abusos sexuales de niños y mujeres, secuestro para la venta como mano de obra esclava, prostitución e incluso incorporarlos a algunas de las fuerzas que combaten en Libia.

Bruselas, sede de la Unión Europea, dice que su prioridad es salvar esas vidas proveyendo de fondos a diversas agencias de la ONU, con una sola pretensión: no más refugiados. Conscientes de lo advertido por Filippo Grandi, Alto Comisionado de ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados): “Disminuir el número de refugiados que llegan a Europa, sin resolver el restablecimiento de la paz, el desarrollo y caminos seguros, es moralmente inaceptable”.

Italia ha optado por imponer un código de conducta que regule las operaciones de rescate de las diferentes ONG que intentan rescatar a los refugiados perdidos en el mar. Con esto el gobierno del primer ministro Paolo Gentiloni intenta sacarse el peso de encima y sea la UE quien se haga cargo de la crisis.
Por su parte, el gobierno de Unidad Libia (Trípoli) ha prohibido que buques extranjeros puedan  entrar en sus aguas territoriales en operaciones de búsqueda y rescate. En ese estado de situación cada vez más confuso, sin normas, ni leyes que se puedan cumplir, la llegada de refugiados a Italia disminuyó en un 51%, aunque las llegadas al sur de España en el mes de julio se incrementaron en más de un 100%.

Estados Unidos y la OTAN utilizaron ingentes recursos a la hora de destruir a Libia y muchas otras naciones de África, Medio Oriente y Asia. A la hora de la responsabilidades todos miran hacia otro lado esperando que el limbo al que han condenado a millones de personas los resuelva Dios o la Muerte.