Las autoridades de Bangladesh intentan hoy lidiar con la llegada en apenas 12 días de casi 150 mil rohingyas, que huyeron de Myanmar tras una nueva ola de violencia, un asunto que provocó una crisis diplomática bilateral.

Aunque el gobierno de Sheikh Hasina abrió los brazos a los refugiados por cuestiones humanitarias, advirtió que no tiene capacidad para brindar los servicios básicos a esas personas.

Esa minoría étnica, que profesa el islam, comenzó el pasado 25 de agosto el éxodo masivo tras nuevos choques en el estado de Rakhine, en el oeste de Myanmar, donde el budismo es la religión mayoritaria.

Más de una treintena de ellos murieron ahogados en los últimos días al intentar cruzar el estuario del río Naaf, la frontera natural, a bordo de precarias embarcaciones.

No obstante, Dipayan Bhattacharyya, funcionario en Bangladesh del Programa Mundial de Alimentos (PMA), advirtió que la cifra total de refugiados podría aumentar en las próximas semanas a más de 300 mil.

El PMA reclamó más ayuda internacional pues sus reservas de alimentos se agotaron ante las avalancha de refugiados.

La mayoría de ellos fueron enviados a tres nuevos campamentos instalados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Este martes Acnur alertó que muchos rohingyas necesitan atención urgente tras sufrir privaciones y heridas debido a las marchas forzadas que se vieron obligados a efectuar a través de selvas, ríos y montañas.

La coordinación es crucial con las autoridades para brindar asistencia a los que más lo necesitan, subrayó esa agencia de la ONU.

El asunto provocó una crisis diplomática entre ambos países tras las acusaciones de Dacca.

Ayer el director general de la cancillería bangladeshí para el sudeste asiático, Manjurul Karim Khan Chowdhury, convocó al encargado de negocios de la embajada de Myanmar, Aung Myint, para abordar el asunto.

Según un comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores, durante la cita Chowdhury mostró su preocupación por informes de prensa sobre la colocación de minas antipersonales en la frontera común así como por la escalada de violencia en el otro Estado.

Bangladesh subrayó que no debe ser víctima de la inestabilidad en Myanmar, a cuyo gobierno llamó a buscar una solución al problema y a proteger a los civiles.

Comenzamos una ofensiva diplomática, para involucrar a Naciones Unidas y a diversas ONG, con el fin de buscar una salida al conflicto allí, anunció el ministro bangladeshí de Transporte, Obaidul Quader.

Es imposible para nosotros afrontar la afluencia masiva de refugiados rohingyas, subrayó Quader.

La ONU debe desplegar una misión de mantenimiento de la paz en la zona en conflicto para salvar a los rohingyas, comentó, por su parte, el titular de Finanzas, Abul Maal Abdul Muhith.

El asunto desencadenó un nuevo enfrentamiento entre el gobierno y la oposición, encabezada por el Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP).

En nombre del BNP, anuncio la realización de varias cadenas humanas para protestar por la represión contra los rohingyas en Myanmar y para exigir a las autoridades de Dacca que les otorguen refugio, subrayó el secretario general adjunto de esa formación, Ruhul Kabir Rizvi.

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