Tras meses de un completo bloqueo diplomático y la perpetuación de una situación de guerra de trincheras con esporádicas escaladas militares localizadas, Rusia ha tomado la iniciativa y recuperado la idea de introducir una fuerza de paz, algo que Kiev tantas veces ha exigido y a la que Moscú se ha opuesto en el pasado.

El propio presidente Vladimir Putin informó durante su rueda de prensa en el marco de la cumbre de los BRICS de que había dado órdenes de llevar el asunto al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que parece indicar que no se trata simplemente de declaraciones sino de algo que Rusia pretende sacar adelante y que entiende como una medida para desbloquear la situación.

Desde Ucrania, representantes se apresuraron a condenar las formas y calificaron la idea tusa de un intento de apropiarse de una iniciativa del presidente Poroshenko. Desde Rusia, defensores del Kremlin alegan que esta nueva estrategia es una nueva jugada maestra que destapará el desinterés ucraniano por cumplir con los acuerdos firmados. Es previsible que los críticos de la postura rusa en Donbass aleguen que se trata de un paso hacia el abandono de la población en manos de quienes la ha bombardeado durante tres años. Sin más opción que aceptar la decisión de Moscú, las Repúblicas Populares se han resignado a recordar las condiciones necesarias para la introducción de cascos azules, opción que han rechazado de forma tajante en anteriores ocasiones.  

Representantes europeos, especialmente el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, han acogido la propuesta como un cambio de rumbo ruso y una oportunidad para el entendimiento. “Lo más importante, está oferta de misión de la ONU en el este de Ucrania sugiere que Rusia efectuado un cambio en su política que no deberíamos desaprovechar”, afirmó Gabriel, que calificó el anuncio ruso de sorprendente. Sin embargo, pese al evidente entusiasmo del jefe de la diplomacia alemana, la idea planteada por el presidente ruso difiere en puntos importantes de la idea defendida por su homólogo ucraniano. Al margen de declaraciones apresuradas, es de esperar una fuerte lucha diplomática por la definición de la misión y sus cometidos.

Los términos en los que Vladimir Putin se expresó ante la prensa sugieren que no se trata de un cambio en la política rusa hacia Ucrania o Donbass y sí la búsqueda de un paso práctico hacia un compromiso dialogado basado en los acuerdos de Minsk. Sin embargo, es innegable que se trata de un guiño a Ucrania, una concesión sin exigir más contrapartida que la implementación de los acuerdos firmados, a pesar de que Kiev ha dejado claro no tener intención alguna de cumplir con los compromisos que adquirió con dichos acuerdos.

Los constantes fracasos en la aplicación de los acuerdos –desde los puntos menos conflictivos como los intercambios de prisioneros hasta la negativa de Kiev a reanudar el pago de pensiones o a negociar punto político alguno con los representantes de las Repúblicas Populares– no han disuadido a Rusia, que sigue viendo como opción preferida el proceso de Minsk, pese a que las concesiones políticas que lograría la población de Donbass serían mínimas.

“Lo apoyo”, afirmó Vladimir Putin ante la prensa internacional en relación a la introducción de cascos azules en Donbass. “Ayudaría a solucionar el conflicto en el sudeste de Ucrania”. El presidente ruso, que en la misma declaración volvió a advertir a los países occidentales del peligro que supondría para el proceso de paz entregar armas a Ucrania, no insistió en los detalles de la nueva propuesta rusa, pero sí quedó clara la base de la medida.

Frente a las exigencias ucranianas, que representantes Irina Gerashenko ya se han encargado de recordar, la idea rusa no se refiere a una misión de pacificación sino de un apoyo a la misión especial de monitorización de la OSCE en su cometido de verificar el alto el fuego en teoría vigente desde la firma del acuerdo de Minsk en febrero de 2015.

En realidad, a la espera de más detalles y de la negociación que se prevé para lograr un texto que pueda ser aprobado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la idea planteada por el presidente ruso no difiere en exceso de anteriores planteamientos de las autoridades rusas, que meses atrás se mostraron partidarias de suministrar a los observadores de la OSCE armas ligeras para garantizar su seguridad. Según explicó Vladimir Putin, la propuesta rusa plantea una misión de Naciones Unidas situada únicamente en la línea de contacto, donde la misión especial de la OSCE continuaría con su misión de verificar el alto el fuego.

Es ahí, en la línea de contacto, donde desde que concluyera la última gran batalla de la guerra, la de Debaltsevo, se concentran las infracciones al alto el fuego. Sin embargo, Ucrania, que alega que esas fuerzas de paz han de situarse en la frontera rusa, supuestamente para impedir la llegada de armamento del “país agresor”, espera en realidad conseguir que una misión supuestamente neutral logre para Kiev lo que no ha conseguido por lo militar: arrebatar a las Repúblicas Populares el control de la frontera con Rusia, que, en situación de bloqueo económico y comercial por parte de Ucrania, es una ruta de suministro imprescindible para la población de Donbass.

En su perfil de Facebook, Gerashenko, vicepresidenta del Parlamento y representante de Ucrania en las conversaciones de Minsk, ha vuelto a repetir la misma idea en la que Kiev ha insistido desde que exigiera por primera vez la introducción de una fuerza armada extranjera en Donbass: la misión de paz debe estar destinada a la frontera ruso-ucraniana y no a la línea de contacto.

Como otros representantes ucranianos, Gerashenko ha insistido también en la idea de que el presidente ruso trata de apropiarse de una idea ucraniana. Todo es, otra vez, una maniobra de la “guerra híbrida” rusa contra Ucrania. “Putin, en la mejor de las tradiciones de la guerra híbrida, está intentando distorsionar la idea del liderazgo ucraniano sobre los pacificadores en Donbass, dándole la vuelta a todo”, se quejó la representante de Ucrania en las conversaciones de Minsk.

Además de la propia definición de la misión, Rusia y Ucrania difieren también en las condiciones que habrían de cumplirse para la llegada de los cascos azules a Donbass. Mientras Ucrania exige su introducción inmediata, la propuesta rusa prevé, según han explicado tanto el  presidente ruso como el embajador de Rusia en Naciones Unidas, la introducción de la misión tras la retirada de armamento de la línea del frente. Eso daría lugar, si no a un alto el fuego completo, a mayores posibilidades de conseguirlo.

Surge así la duda de si esa misión sería necesaria de producirse finalmente una retirada de armamento que no se ha producido en los más de dos años y medio que han transcurrido desde la firma del acuerdo.  Sin embargo, las palabras de Sergey Lavrov, que ha afirmado que la idea de la introducción de cascos azules favorecería la retirada de armamento, dejan claro que se trata de una medida más relacionada con la política que con la seguridad, un aliciente para que Ucrania cumpla los puntos militares del acuerdo de Minsk. Hasta el momento, Ucrania ha respondido a cada cesión por parte de la RPD y la RPL, habitualmente presionadas por las autoridades rusas, con medidas restrictivas como la introducción del bloqueo comercial y de transporte.

Los próximos meses dirán si la actual postura es la posición final que las autoridades rusas defenderán hasta el final y si exigirán realmente a Ucrania cumplir con las condiciones planteadas, o si tan solo se trata del inicio de una negociación en la que Rusia vuelva a ceder. A juzgar por las declaraciones de otro de los garantes del acuerdo de Minsk, Alemania, uno de los aspectos más conflictivos será el papel que Donetsk y Lugansk deben jugar en la negociación de una misión que, de aprobarse, afectaría directamente a la población residente en la RPD y la RPL.

A pesar de que los acuerdos de Minsk, que todas las partes dicen defender, exigen negociación directa entre Kiev, Donetsk y Lugansk en relación a los puntos clave, no solo Ucrania quiere negar la voz a la RPD y la RPL.  Pocas horas después de afirmar que la propuesta rusa podría ser un paso hacia la solución del conflicto y la retirada de sanciones contra Rusia, quizá ya habiendo comprendido los detalles de la propuesta, Alemania afirma ahora que los cascos azules deben estar destinados a toda la zona de conflicto, no solo a la línea de separación. Alemania se adhiere así a la opción exigida por Ucrania, que conseguiría así que la ONU le entregara el territorio que no pudo recuperar con las armas.

Todo indica que esta nueva cesión de Rusia, a la que la RPD y la RPL no han tenido más opción que sumarse, recibirá la misma respuesta que concesiones anteriores: más exigencias a Rusia. Y será a Rusia, ya que Alemania, Francia y Ucrania siempre se han negado a negociar o dar voz a Donetsk y Lugansk. ¿Por qué iban a tener voto o incluso voz en las negociaciones las actuales autoridades de una de las partes que firmó esos acuerdos que todas las partes califican como imprescindibles? En el caso de la RPD  y la RPL, quizá por los más de tres años en los que han defendido a la población de los bombardeos ucranianos. Sin embargo, para Alemania, dar voz a los representantes de Donetsk y Lugansk que firmaron los acuerdos negociados por Francia, Alemania, Rusia y Ucrania en un asunto que afecta directamente a su población sería “una inaceptable elevación del estatus de los líderes de las autoproclamadas repúblicas populares”. Negar a las actuales autoridades voz en la negociación para la introducción de una fuerza armada extranjera en su territorio parecería una opción poco práctica.

Salvo que Berlín, como Kiev, pretenda conseguir con la misión de la ONU lo que Ucrania no ha conseguido hacer en más de tres años de guerra: desarmar a las milicias de Donbass.

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