Hombres desconocidos caminan con cuchillos y hondas frente a una casa quemada en aldea de Gawdu Tharya, en estado de Rajine, 7 de septiembre de 2017.

Musulmanes reprimidos de Myanmar viven un ‘pleno salvajismo’ conducido por Aung San Suu Kyi, la Nobel de la Paz y defensora de la democracia y la libertad.

El vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior de la Asamblea Consultiva Islámica de Irán (Mayles), Kamal Dehqan, ha indicado hoy viernes que el genocidio de la comunidad Rohingya en Myanmar (Birmania) se realiza con el aval de una persona que durante años fue una de los pioneras en la lucha contra el despotismo.

“Hoy y en el siglo XXI, los musulmanes en Myanmar sufren el pleno salvajismo de Aung San Suu Kyi (líder birmana de facto) y sus aliados. Cada día se conoce una nueva pesadumbre sobre la represión de los rohingyas”, ha enfatizado.

El parlamentario iraní ha pedido a la Diplomacia del país persa que tome las medidas requeridas para apoyar a la minoría más perseguida del mundo.

De igual forma, ha llamado a los países islámicos y la comunidad internacional a romper el silencio ante el claro genocidio de los musulmanes y presionar al Gobierno birmano para que ponga fin a sus acciones inhumanas.

Entre tanto, el portavoz de la Cancillería de Irán, Bahram Qasemi, ha informado de los intentos de la República Islámica para contactar con las autoridades birmanas y pedir la autorización necesaria para enviar las ayudas humanitarias a los rohingyas, un esfuerzo que no ha tenido éxito hasta el momento.

Recalcando que Irán seguirá sus conversaciones diplomáticas con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la comunidad internacional para resolver la crisis en Myanmar ha anunciado las consultas entre el país persa y Turquía, como el presidente rotativo de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI).

Birmania, cuya población es mayoritariamente budista, ignora en todas sus dimensiones la existencia de los rohingyas que forman una minoría étnica, lingüística y religiosa con cerca de un millón de personas. La represión y la tortura en su contra se ha convertido en pan de cada día y una tragedia incalificable, ante la cual la comunidad internacional prefiere mantenerse indiferente y apática.

En los últimos días, las autoridades birmanas han lanzado una fuerte política de represión contra esta población, masacrando a sus miembros y quemando sus casas. La ola de violencia sectaria en el oeste de Myanmar ha empujado a 146.000 rohingyas a huir al país vecino Bangladés.

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