Antes de concretarse el acuerdo nuclear entre el Grupo 5 +1 y Teherán, el canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif repetía siempre una frase que debe traerse a colación.

Él siempre se refería a la crisis o el desafío nuclear como una «crisis innecesaria». Esa afirmación acogía en sí dos verdades: la primera tiene que ver con que todas las sanciones, la fabricación de pruebas y la controversia sobre la cuestión nuclear iraní eran innecesarias, vacías y vanas, dado que bastaba con que en lugar de llevar a nuestro país a que tomara una posición de enfrentamiento hacia ellas, prestaran atención al hecho de que Irán no persigue la obtención de armas nucleares.

Asimismo, las formas de probar este hecho eran el diálogo respetuoso y la confianza en la Agencia Internacional de Energía Atómica, mediante diversos mecanismos de verificación. Por lo tanto, si realmente el objetivo era mantener la naturaleza pacífica del programa nuclear iraní, no era necesario crear crisis y sanciones. Este programa, desde su mismo comienzo tuvo un carácter pacífico.

La segunda verdad es que el Dr. Zarif en realidad decía que nosotros no tememos a una crisis. De hecho, cualquier relación puede tornarse crítica, pero la crisis nuclear es innecesaria y no queremos una crisis innecesaria, pero de ser necesaria una crisis, Irán, sin duda alguna le hará frente. El significado de esta frase resulta claro para aquellas personas que, en Irán, están vinculadas a la política exterior. No sólo los iraníes sino la mayoría de las naciones del mundo responden de manera más positiva y constructiva ante la lógica y el diálogo que ante el lenguaje de la amenaza y la coerción.

Ahora que Estados Unidos y el gobierno de Trump están amenazando con salirse o, en realidad, destruir el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés) deben darse cuenta de que con pretextos irracionales sobre las instalaciones militares de Irán, convertirán una crisis o un desafío innecesario en un desafío necesario, desde el punto de vista iraní, e Irán no es el tipo de país que, en caso de necesidad de una crisis, escape de la misma.

Tal vez el gobierno de EE.UU. piense que en lo relativo a la cuestión nuclear fueron las sanciones las que sentaron a Irán a la mesa de negociación. Por lo tanto, en lo referente a otras cuestiones, como son las armas convencionales, también puede funcionar la misma lógica y no es necesario que las sanciones sean eficaces en este sector. A fin de aclarar las mentes de los políticos estadounidenses y registrarlo en la historia, tengo que dejar bien claro que Estados Unidos no sentó a Irán a la mesa de negociaciones, sino que por el contrario, fue Irán quien atrajo a Estados Unidos a la mesa de diálogo. Irán nunca había abandonado la mesa de negociaciones como para ser devuelto a esta.

Durante el periodo de George W. Bush y parte de la administración Obama, Estados Unidos ni siquiera participaba en conversaciones nucleares, e Irán negociaba sólo con países europeos, China y Rusia. Tuvieron lugar acuerdos como los acuerdos de Sa’adabad, Paris, o el acuerdo de Irán con Turquía, pero la no participación de Estados Unidos y su oposición, hicieron fallar dicho acuerdos y la solución de la cuestión nuclear. Estados Unidos solo se dispuso a sentarse a la mesa de negociaciones,  enviando previamente a Irán un mensaje privado y secreto de reconciliación, cuando la presencia de millones de iraníes en las elecciones presidenciales demostró una vez más al mundo la fortaleza y el respaldo social de nuestro país; cuando, además de ello, el número de centrífugas iraníes había pasado de menos de mil durante los años de las sanciones y la falta de diálogo, a casi veinte mil; cuando se incrementó también la calidad y eficiencia de estos equipos; cuando se puso en marcha el sitio Fordo y, por encima de todo, cuando Irán logró enriquecer uranio al 20% para producir placas de combustible para el reactor de Teherán.

El enriquecimiento al 20% destruyó las aspiraciones de los Estados Unidos y sus cómplices de cero enriquecimiento. Un país que, basado en el conocimiento propio, produce uranio enriquecido hasta el 20% está lanzando al mundo un mensaje significativo en términos de industria nuclear. Para entender la afirmación de que Irán siempre ha querido negociar y de que ha sido Irán quien ha traído a Estados Unidos a la mesa de negociación, basta con que los expertos analicen la relación temporal entre momento del enriquecimiento al 20% y el envío de mensajes por parte de Estados Unidos y la insistencia en el diálogo, tras años de no participar en las negociaciones nucleares.

Mi intención al señalar estos puntos es precisar que si el gobierno de Trump piensa que la lógica de las sanciones funciona y que mediante las sanciones Irán accederá a demandas irracionales, comete un grave error porque esa lógica se ha construido en base a una suposición errónea. No sólo en el caso de Irán, sino en otras partes del mundo, incluso en lo referente a pequeños países del mundo, esa lógica no funciona. Si bien no existen puntos en común entre nuestro país y Corea del Norte, en términos de la lógica ineficaz del enfoque americano en la solución de las crisis internacionales, el tema de ese país también es digno de ser mencionado.

Estados Unidos colocó a Corea del Norte bajo las peores sanciones e incluso un bloqueo militar, pero el único resultado que obtuvieron con estas acciones fue el aumento en varias veces del alcance de los misiles norcoreanos, la realización de pruebas con la bomba de hidrógeno, la perspectiva de una terrible guerra que podría resultar en la muerte de miles de personas y una difícil situación para la que no han alcanzado las propuestas de todos los expertos y políticos para darle solución.

Tal vez se pueda aconsejar al gobierno de EE.UU. que aprenda de los resultados de sus métodos ineficientes. Ellos debieran apreciar el valor de acuerdos como el JCPOA y respetar sus compromisos y no tratar, con su comportamiento, de convertir la creación de desafíos y la crisis en una necesidad para un país como Irán, porque en ese caso ocasionarán problemas al resto y, al igual que antes, se desgastarán.