La avalancha de refugiados rohinyás que llega a Bangladesh no hace más que aumentar y ya superan el cuarto de millón los miembros de esta minoría musulmana que han huido de Birmania (Myamar) en las dos últimas semanas, una crisis que no parece que vaya a remitir en próximos días.

Tras un recuento realizado en profundidad durante las últimas 48 horas para las agencias del sistema de las Naciones Unidas, la cifra se disparó hoy hasta los 270.000 refugiados, más de 100.000 personas por encima de las contabilizadas el jueves.

La mayoría de ellos, unos 130.000, se están alojando en asentamientos temporales y campamentos ya existentes, aunque también un número significativo se encuentran en cunetas.

“Es una crisis de refugiados en toda regla y esto es una emergencia de protección infantil”, dijo la jefa del Trabajo de Campo de Unicef en Bangladesh, Sara Bordas. “La situación es bastante dramática (…). Estos numeros que hay ahora seguramente aumentarán”, añadió. Bordas destacó la urgencia de dar respuesta a las necesidades sanitarias, nutricionales y de protección de los refugiados, y en especial de niños y mujeres.

Mientas tanto la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) pidió hoy al Gobierno birmano, liderado de facto por Aung San Suu Kyi, que tome medidas urgentes para resolver el problema de la violencia en el estado de Rakaine, a fin de que la minoría musulmana rohinyá no tenga que huir. El portavoz de la ACNUR en Bangladesh, Joseph Surjamoni Tripura, comentó que de momento, “dada la tendencia”, nada parece indicar que el flujo vaya a disminuir en los próximos días.

Se sumó hoy a las críticas el arzobispo sudafricano y Nobel de la Paz, Desmond Tutu, que afeó la actitud de la líder birmana: ”Si el precio político a pagar por su ascenso político ha sido el silencio, el precio es sin duda demasiado alto”

La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) alertó en un comunicado de que mucha gente no está pudiendo recibir ayuda porque se ha ido estableciendo muy lejos de los centros de apoyo en los que se está brindando asistencia.

El coordinador general de Médicos Sin Fronteras en Bangladesh, Pavlo Kolovos, declaró que la mayoría de los refugiados llegan en mal estado, con desnutrición y agotamiento por estar expuestos a la lluvia durante días y con “evidencias” de haber estado expuestos a la violencia que se esta viviendo en Myanmar.

Mientras tanto, el Gobierno de Bangladesh pidió al de Birmania que establezca zonas de seguridad para los rohinyás en el noroeste de su territorio. ”Hemos pedido a las autoridades de Myanmar que creen una zona o áreas seguras dentro de Birmania para que sus civiles no tengan que buscar refugio en Bangladesh”, explicó una fuente del Ministerio de Exteriores bangladeshí que pidió no ser identificada.

La fuente aseguró que la idea ha sido compartida “internacionalmente” y que Bangladesh ha hablado con las “entidades involucradas” para que puedan asumir algún papel, aunque aún se le debe dar “una forma concreta”.

Varios miles de personas protestaron hoy en la capital de Bangladesh contra la actuación del Gobierno birmano.

El pasado 25 de agosto, se produjo un ataque de un grupo insurgente rohinyá contra casetas policiales y militares en el estado de Rakain, en el noroeste de Birmania, que fue respondido con una operación militar en la zona a la que ha seguido el éxodo de la población.

La líder de facto del Gobierno birmano y Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, muy criticada por organizaciones internacionales de derechos humanos, rompió el miércoles su silencio sobre la situación para acusar a los “terroristas” -los rebeldes rohinyás- de difundir un “iceberg de desinformación” sobre la situación.

La nueva oleada de refugiados se produce después de que a finales del año pasado el Ejército birmano llevara a cabo otra campaña militar tras un ataque insurgente, que en aquella ocasión provocó el éxodo de más de 80.000 rohinyás y la condena de organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos.