El 24 de agosto, la “chispa” ucraniana dejó hechas cenizas la casa y la de los vecinos.

Solo en el último par de semanas han quedado en ruinas media docena de viviendas en Spartak. La localidad está situada en plena línea del frente, por lo que el inevitable destino le espera a diario. Visitamos estas desiertas y desoladas calles, que recuerdan a las imágenes de una película. El problema es que no se trata de escenarios sino que detrás de cada vivienda destruida hay vidas humanas.

En una de las viviendas de la localidad, en el número 102 de la calle Chapaev, conocemos a su dueño. Andrey Polichkovoy, de 50 años, fue ingeniero jefe de la planta de energía de Petrovsky. Su casa ha recibido recientemente dos impactos directos: el 21 y el 24 de agosto de 2017. La casa aguantó los primeros “disparos”, pero durante la celebración del “Día de la Independencia” [el 24 de agosto] quedó reducida a cenizas.

“El 21 de agosto, nos llamaron los vecinos para decir que la casa estaba ardiendo. Mi mujer y yo vinimos inmediatamente, aunque seguían los bombardeos. Disparaban con algo potente,  nos pasaba con encima de la cabeza, así que mi mujer se echó al suelo. En el lugar trabajaban los bomberos. Los chicos consiguieron salvar lo que pudieron. La casa seguía en pie. El 24 de Agosto, desde las seis de la tarde, empezaron a caer bombas incendiarias. Ahora la casa ha quedado en cenizas”, cuenta, con tristeza, el ingeniero.

Terrible imagen al otro lado de la calle: de la casa de otro de los vecinos de Andrey solo ha sobrevivido la valla. La casa explotó en pedazos, hasta los árboles quedaron deshechos por la explosión.

Ahora Andrey viaja a diario desde Donetsk, donde ha encontrado refugio para él y su esposa. Limpia los destrozos y da de comer a la perra Lola. Dice que no puede llevar al perro a ninguna parte.

Andrey muestra los fragmentos de “Uragan” que encontró en su jardín y otros fragmentos de “regalos” de los batallones ucranianos.

“Deseo una cosa a los batallones ucranianos: que lo experimenten por sí mismos. Que sientan lo que sentimos aquí el 26 de mayo de 2014, cuando en el aeropuerto aparecieron los helicópteros [y comenzó la batalla por el aeropuerto de Donetsk, que culminaría en enero del año siguiente-Ed]. Todo fue tan “bien” que las patatas acabaron en los jardines. Que lo sientan por sí mismos”, se quejó el dueño de la parcela destruida.

“A pesar de la guerra, la gente aquí siempre es amable. Muchos, como es normal, se han marchado del pueblo por la guerra. 1.200 ciudadanos de Spartak viven en Donetsk”, nos cuenta la actual jefa de la administración local de Spartak, Marina Aseeva.

No hay comunicaciones, los ataques son continuos, especialmente por las noches, pero aun así, sigue habiendo gente que vive aquí, hay niños en edad escolar que van al colegio en la vecina Yakovleka. Durante la “tregua de la cosecha” hemos tenido que apagar fuegos dos veces: una vez ardieron siete casas a la vez. Los bomberos apagaron cuatro en un lado y los residentes y yo, otras tres.

Desde las diez de la noche, las dos últimas noches, han estado los bomberos aquí, porque había mucho viento y había que evitar que el fuego se extendiera por todo el pueblo. Puede pasar cualquier cosa, pero lo más importante es que la gente aquí es buena y, cuando se da una de esas situaciones, intentamos luchar contra ellas juntos. Nos bombardeaban entonces y nos bombardearán durante la siguiente “tregua escolar”. En teoría hemos tenido muchas treguas, pero en realidad no ha habido ninguna. Todas las noches hemos tenido ataques. Y por las mañanas, fuego”.

La jefa de la administración municipal confía en que, con el tiempo, Spartak renacerá de las cenizas.

“Los vecinos de Spartak que se han marchado del pueblo no lo han olvidado, todos esperan regresar. Tenemos listas de espera para la restauración y creo que se recuperará, porque todos los daños se pueden reparar. Nosotros mismos lo podemos reparar, que Dios nos ayude a reparar. No hemos perdido la esperanza, la población sigue volviendo e incluso sin ayuda exterior están reparando. Al fin y al cabo, aquí está su hogar”, insiste Aseeva.

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