El 69 aniversario de la creación del Estado de Corea del Norte, que se celebra el 9 de septiembre, se ha convertido en un dolor de cabeza para la comunidad internacional.

«Hay dos días del año que el mundo espera con una agitación particular. El 15 de abril, que es el cumpleaños de Kim Il-Sung y el 9 de septiembre, el Día de Creación de la República Popular Democrática. Son las fiestas que en Corea de Norte se celebran por tradición no solo con desfiles militares a gran escala, sino en la que también se demuestran una real potencia militar: explosiones de prueba de cargas nucleares y lanzamientos de misiles balísticos», escribe en su artículo el columnista de Sputnik Vladímir Ardayev.

En los últimos meses, Pyongyang ha incrementado su capacidad nuclear, lanzando misiles balísticos y realizando pruebas de una bomba de hidrógeno. Hace poco, los servicios de inteligencia surcoreanos se registraron el transporte de un misil balístico intercontinental en dirección a las costas occidentales del país asiático.

La actividad nuclear de Pyongyang preocupa no solo a los países vecinos de la región, sino también a sus aliados. Washington ya ha enviado a Seúl armas y equipos militares y continúa los suministros del sistema estadounidense THAAD, lo que preocupa a su vez a Pekín.

El presidente de EEUU, Donald Trump, no excluyó el uso de fuerza militar al sostener que la «la acción militar [contra Corea del Norte] es una opción, aunque nada es inevitable». Y aún más, EEUU presentó en el Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto de resolución para endurecer las sanciones contra Pyongyang.

Por su parte, Rusia subrayó que endurecer la postura contra el país norcoreano a través de sanciones o sistemas de defensa antiaérea es ineficaz.

«De acuerdo con el presidente ruso, Vladímir Putin, se puede garantizar la seguridad solo mientras se mejore el derecho internacional y la clave es el diálogo entre todas las partes interesadas. Como resultado, todos los participantes de este proceso, incluida Corea del norte, no tendrán más temor relacionado con el peligro de aniquilación. Lo confirma el comportamiento del líder norcoreano, Kim Jong-un, que responde con una amenaza unívoca a cada amenaza explícita o no explícita», afirma Ardayev.

Asimismo, el columnista constata que el intercambio de las amenazas va intensificándose y la «retórica militar no contribuye al alivio sino al contrario, acerca el peligro de desatar una guerra entre dos estados nucleares al hacer más real una catástrofe».

«Sin embargo, varios expertos chinos estiman que una catástrofe podría suceder aún sin guerra», señala citando a un empleado del programa nuclear chino que ha advertido del posible derrumbe de una montaña.

«Se trata probablemente de la montaña Mantapsan, donde, según se sospechaba, se realizaban explosiones nucleares», indica.

El experto chino ha afirmado que las próximas pruebas podrían provocar su derrumbe, mientras que la galería donde se realizan podría ser expuesta y la radiación podría difundirse de por toda la región.

El especialista ve una serie de antecedentes que hacen posible que esta situación sea factible.

«Primero, el relieve de la misma montaña no es muy adecuado para pruebas nucleares pero el territorio limitado de Corea del Norte, quizás, no ofrecía otras posibilidades. Segundo, la galería vertical representaría un menor peligro, pero su construcción costaría mucho más, y los dirigentes norcoreanos decidieron aplicar la opción horizontal, que es más barata. Por fin, las explosiones frecuentes y la creciente potencia de los proyectiles crean una amenaza adicional para el derrumbe de la montaña», pronostica Ardayev.

En caso de que suceda lo que han advertido los expertos chinos, la «radiación podría extenderse al territorio de China y Rusia», concluye el columnista.

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