La firma del Acuerdo de Quito, por parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno de Colombia, representa un gran paso en el camino hacia la paz que buscan transitar esas partes en conflicto armado por décadas.

El documento, suscrito en la parte final de la tercera ronda de conversaciones entre la segunda mayor guerrilla colombiana y el ejecutivo de ese país sudamericano, presidido por el dignatario, Juan Manuel Santos, establece un cese del fuego bilateral y temporal, pactado 48 horas antes de la visita del Papa Francisco a Bogotá.

La señal de buena voluntad y buena fe de ambos lados apareció a casi siete meses de diálogos, cuya fase pública comenzó en la capital ecuatoriana en febrero último.

Según lo pactado, el cese del fuego empezará a regir desde el 1 de octubre y estará vigente por 102 días, hasta el venidero 9 de enero.

No obstante, durante el anuncio, realizado desde la cancillería ecuatoriana, el jefe negociador por el ELN, Pablo Beltrán, aseguró que la aspiración del grupo guerrillero es hacerlo efectivo de inmediato.

El objetivo central del Acuerdo es mejorar la situación humanitaria de la población, la más afectada por los enfrentamientos que han ocasionado alrededor de 300 mil muertos, 46 mil desaparecidos y cerca de siete millones de desplazados.

Para garantizar el cumplimiento del pacto, las partes determinaron establecer un mecanismo integrado por el Gobierno Nacional, el Ejército de Liberación Nacional, la Organización de las Naciones Unidas, y la Iglesia Católica, con el doble propósito de prevenir e informar cualquier incidente.

Corresponde ahora a los firmantes precisar los aspectos logísticos propios del cese, para lo que convinieron en extender el tercer ciclo de conversaciones, previsto para cerrar el pasado viernes 1 de septiembre.

‘El Acuerdo de Quito nos llena de profunda emoción y alegría y nos hace felicitar de corazón tanto a la delegación del gobierno de Colombia como a la del Ejército de Liberación Nacional (…) es un anuncio muy importante para la consolidación de América Latina y el Caribe como territorio de paz’, afirmó la ministra de Exteriores de Ecuador, María Fernanda Espinosa, tras la rúbrica.

La tregua cobra más relevancia porque no implica solo el silencio de las armas, sino también alivio para la sociedad civil, en lo cual coinciden ambos lados.

El compromiso de las partes se relaciona además con buscar mecanismos encaminados a hacer más llevaderos los rigores de la guerra para la ciudadanía.

En el texto, ELN y gobierno también agradecieron el acompañamiento de los países garantes de la mesa de diálogo: Cuba, Brasil, Chile, Noruega y Venezuela, y en especial de Ecuador, anfitrión de los encuentros.

Los desafíos para el ELN y la administración nacional colombiana son cumplir todos los acuerdos pactados para el cese, honrar la palabra empeñada y demostrar que puede haber más confianza en el proceso hacia la paz duradera y definitiva de Colombia.