Refugiados birmanos se manifiestan en Malasia contra crímenes de Myanmar contra rohingyas.

Aung San Suu Kyi, la otrora defensora de la democracia birmana, hoy es el ‘símbolo de la complicidad con cobardía‘ en la tiranía contra los musulmanes rohingyas.

En una entrevista concedida el sábado al diario estadounidense The New York Times, Ken Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch (HRW), denuncia el genocidio de la minoría musulmana Rohingya en Myanmar que se lleva a cabo en medio del silencio cómplice de su líder de facto y ganadora del Premio Nobel de la Paz 1991, Aung Sann Suu Kyi.

“¡Qué vergüenza Aung San Suu Kyi!. Te honramos y luchamos por tu libertad y, ¿ahora usas esa libertad para justificar la carnicería de tu propia gente?”, cuestiona Roth la actitud de la líder birmana frente a las recientes matanzas de niños, mujeres y hombres rohingyas.

En este contexto, recuerda que cuando Suu Kyi recibió el premio Nobel le aplaudieron porque en aquellos momentos, a su juicio, «simbolizaba el valor frente a la tiranía», mientras denuncia que “ahora que ella está en el poder, simboliza la complicidad con cobardía en la tiranía mortal que se ve contra los rohingyas”.

Las declaraciones del defensor de los derechos humanos (DDHH) hacen referencia a la campaña por la democracia que dirigió Suu Kyi contra los dictadores de Myanmar, por la que sufrió un total de 15 años de arresto domiciliario.

Sin embargo, según indica el diario norteamericano en su editorial, la líder, hoy es «la principal apologista del genocidio de los rohingyas» al tacharlos de «terroristas e inmigrantes ilegales».

Birmania, cuya población es mayoritariamente budista, ignora en todas sus dimensiones la existencia de los rohingyas, que forman una minoría étnica, lingüística y religiosa con cerca de un millón de personas. La represión y la tortura en su contra se han convertido en pan de cada día y una tragedia incalificable ante la cual la comunidad internacional prefiere mantenerse indiferente y apática.

En los últimos días, las autoridades birmanas han lanzado una fuerte política de represión contra esta población, masacrando a sus miembros y quemando sus casas.