La RAM «es la unión de todas las comunidades autónomas en resistencia, que conforman una organización más amplia que es el Movimiento Mapuche Autónomo del Wallmapu»

Tras la desaparición de Santiago Maldonado el 1 de agosto en Argentina durante un operativo de la Gendarmería contra una comunidad mapuche, el discurso gubernamental y sus medios afines estigmatizaron el accionar del pueblo originario para reducir el costo político de un hecho repudiado en gran parte del mundo. «Se dijeron muchas mentiras», adelantó uno de sus líderes. ¿Alguien se preguntó realmente qué quieren los mapuche? Es la clave para entender por qué falta el joven artesano.

Facundo Jones Huala, líder mapuche de la localidad de Cushamen, provincia de Chubut, Argentina

La última vez que se vio con vida a Santiago Maldonado se encontraba junto a una comunidad mapuche en Cushamen, una localidad de la provincia argentina de Chubut, reclamando la posesión de tierras ancestrales que hoy están en manos del grupo Benetton, una reconocida empresa textil italiana. Además, exigían la liberación de su líder, Facundo Jones Huala, a quien consideran un preso político. Interpretar estos antecedentes es fundamental para comprender que el último y trágico accionar de las autoridades no se corresponde a un caso aislado.

En efecto, el lunes 31 de julio ya hubo un enfrentamiento entre activistas y los agentes, con al menos nueves detenciones, por reclamar frente a un Juzgado Federal de Bariloche por su compañero encarcelado. Además, en enero de este año, la Policía provincial ingresó a la misma comunidad y un mapuche recibió un balazo de plomo en el cuello, entre los heridos más destacables de aquella jornada.

Maldonado es la punta del iceberg. El trasfondo se centra en la disputa de centenares de hectáreas donde está en juego la explotación de recursos naturales como la soja, el petróleo, la madera, el oro, el gas, el agua y hasta la energía eléctrica. Sobre ello, el reclamo indígena atenta contra el modelo económico extractivo del país, dominado por compañías privadas. Cabe mencionar que el próximo 23 de noviembre vencerá la prórroga de una ley que prohíbe el desalojo de estas comunidades, y el Congreso todavía no la extendió. El panorama puede empeorar considerablemente en tan solo unas semanas.

Por otro lado, a pesar de la indignación que causó la desaparición forzosa ocurrida el 1 de agosto durante la represión, los sectores de la prensa más consumidos de Argentina atacaron de forma corporativa a los miembros más combativos de este colectivo. La intención es clara: alejar la idea de un nuevo desaparecido en democracia por parte de las fuerzas de seguridad y dar a entender que el suceso se trató simplemente de un enfrentamiento estatal contra un grupo radicalizado y extremista que detesta al país tal como se lo conoce hoy. En los años 70, durante la dictadura local, usaron el mismo argumento para desaparecer a 30.000 personas, acusando a las víctimas de ‘subversivos’. Hoy, en 2017, se compara a las comunidades mapuche con el Estado Islámico en pleno ‘prime time’.

Entre rejas

«¡Facundo! ¡Teléfono para vos!», grita un efectivo de la Unidad Penitenciaria Federal N° 14 de la ciudad de Esquel, al sur de Argentina, ante el llamado de RT. El ‘Lonko’ (líder mapuche) de Cushamen está detenido desde el 27 de junio y enfrenta un pedido de extradición solicitado por Chile; se lo acusa de cometer un incendio en una estancia al otro lado de la cordillera de Los Andes. La prisión es pequeña, comparte el pabellón junto a 18 internos de provincias como Buenos Aires y Santa Fe condenados por robo y narcotráfico. Duermen todos juntos, en cuchetas, aunque a Jones Huala no lo atienden tan mal: «Con este conflicto, me tratan con pinzas; acá todos reconocen que soy un preso político. Es obvio, aunque traten de pasarlo como delincuencia común o terrorismo», expresa desde la cárcel.

El referente del pueblo originario tiene 31 años. Nació en Bariloche y, según explica, es una «autoridad política y filosófica» entre su gente. Tiene influencia entre otros líderes indígenas de la zona, fue un «combatiente y militante revolucionario de la fuerza mapuche» y por eso considera que es «perseguido». Mejor dicho, encarcelado. «No niego que fui parte de acciones de resistencia o sabotaje», reconoce, pero aclara que sobre el incendio no tiene «nada que ver».

También explica que su movimiento «reivindica estas acciones de autodefensa», pero no interfieren en la vida de civiles: «Los ataques son solo a propiedades o bienes materiales». En efecto, de ello se encarga la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), aunque Facundo manifiesta que ya no pertenece a la agrupación por «estar detenido» y por tener «problemas de salud». También comenta que no sabe «cuántas personas están en la RAM», pero describe: «Es la unión de todas las comunidades autónomas en resistencia, que conforman una organización más amplia que es el Movimiento Mapuche Autónomo del Wallmapu» -así le llaman al territorio mapuche, hoy atravesado por Chile y Argentina-.

El entrevistado se convirtió en ‘Lonko’ por descendencia; el cargo ya había sido ocupado por su tío. Además, alude su rol a «hechos sobrenaturales del mundo espiritual», pero su participación en las causas indígenas fue fundamental para ser reconocido entre sus pares: «Me involucro en el movimiento político mapuche desde los 14 años, en tiempos donde se desataba la crisis del 2001. Todo eso ahora me tiene acá, entre rejas».

¿Cuáles son las causas de la lucha mapuche?

«Nuestros pedidos más urgentes son la restitución de las tierras en conflicto, desmilitarización de la zona, la no extradición de los líderes y la expulsión de latifundistas como Benetton y Lewis», enumera.

Santiago Maldonado fue uno de los jóvenes que se sintieron atraídos por estas consignas y sin ser mapuche se unió a los reclamos. Según explica Jones Huala, no pueden considerarse anarquistas porque no congenian con ninguna ideología occidental, aunque particularmente tiene simpatías por esta clase de corrientes.

Estos grupos aborígenes y organizados se perciben como «anticapitalistas, antioligárquicos y antiimperialistas», pero «antes que nada, humanistas». La resistencia apunta hacia el «embate» de las mineras, petroleras, hidroeléctricas, forestales y «todo lo que tiende a destruir el territorio». Además, destaca: «Planteamos una lucha de liberación nacional y reconstrucción del mundo mapuche, con nuestras formas tradicionales de vida en los lugares recuperados ante las grandes empresas y los terratenientes. Siempre considerando y respetando a otras culturas que también habitan allí, no le diríamos a nadie cómo tendría que vivir. No nos interesa confrontar con el campesinado pobre o clase obrera argentina y chilena».

«Los mapuche no reconocen al Estado argentino»

Por otro lado, Facundo hace fuerte hincapié en desmentir al Gobierno y parte de la prensa local: «No planteamos una rebelión contra el Estado, sino contra el latifundio. La modificación de los Estados depende del grado de conciencia que tengan las sociedades. Tampoco queremos una secesión, como dicen muchos medios. Solo queremos una autonomía territorial y que se nos permita vivir como siempre lo hicimos». Sin embargo, reconoce que su estilo de vida propone una confrontación directa con el capitalismo. Aún así, sostiene que plantearon un proceso de diálogo con el Gobierno, «pero siempre estuvo ausente y solo apareció para defender los intereses de estos terratenientes».

Se busca: enemigo interno

«La tergiversación es para generar un enemigo interno que no existe, produciendo condiciones de confrontación entre la sociedad civil, cuando la verdadera confrontación es con empresas», resume.

En ese aspecto, arremete contra el Grupo Clarín, el mayor conglomerado de multimedios en Argentina: «Es el gran responsable de muchas mentiras tendenciosas, tiene más poder que el propio Gobierno».

En cuanto a las autoridades, opina que muchos miembros del Ejecutivo de Mauricio Macri están directamente vinculados al problema territorial y tienen conflictos de intereses con los pueblos originarios: «Marcos Peña -jefe de Gabinete de Ministros- es familiar del dueño de La Anónima, el supermercado que posee tierras cerca de Cushamen. Patricia y Esteban Bullrich -ministros de Seguridad y Educación, respectivamente- son familiares de los famosos Bullrich, que negociaron las tierras con los ingleses durante la Conquista del Desierto -campañas militares donde se desterró a los indígenas para abrir paso al Estado moderno y extender las fronteras argentinas entre 1878 y 1885-.

El líder opina que actualmente «hay una suerte de Plan Cóndor disfrazado que tratan de ocultar», y se defiende: «Quieren pegarnos al kirchnerismo, cuando siempre hemos confrontado con él».

A su vez, está convencido de que ser «independientes» les da libertad para plantear sus propias convicciones, «aunque no suene políticamente correcto». Si bien no impulsan un «Estado paralelo», Jones Huala dice que «sería mucho más fácil si Argentina tuviese un sistema plurinacional como el de Bolivia».

«Seguramente, Gendarmería confundió a Santiago Maldonado con uno de nosotros»

En realidad, no conoció personalmente a Maldonado, pero está consciente de que fue desaparecido mientras reclamaba por su liberación. Al respecto, sabe que estuvo involucrado en otras manifestaciones y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. «Era un compañero, un amigo no mapuche de tendencia anarquista. Se solidarizó. Llegó simpatizando con las propuestas del Movimiento Mapuche Autónomo del Wallmapu», describe, según se enteró.

También opina: «Seguramente lo habrán confundido con uno de nosotros y entre la balacera lo chuparon, o se les fue la mano».

Jones Huala es uno de los que están convencidos de que el operativo respondía a una orden del Ministerio de Seguridad, y que «fue comandado por Pablo Nocetti, mano derecha de Bullrich». Según menciona al otro lado del teléfono, el apuntado por organismos de derechos humanos como uno de los principales responsables, «días antes dijo en los medios que iba a cazar a los mapuche y sus simpatizantes, y reprimir manifestaciones».

Este no es el primer desaparecido que hay en aquel territorio alejado de la capital, «sucede que los desaparecidos mapuche no tienen mucha relevancia», se lamenta. Además, insiste en que si Maldonado fuese un indígena «el caso no tendría tanta difusión», y critica a la ciudadanía por ello: «Eso habla mucho de la psicología de las masas, de un pensamiento colonial y racista arraigado en la sociedad argentina, también en sectores progresistas». Sin embargo, reconoce que «con el caso de Santiago Maldonado se despertó un sentimiento muy humano y digno, que es la solidaridad», y suma: «Estas masas y el pueblo se sintieron tocados con lo que le sucedió al compañero».

Mientras tanto, el joven argentino sigue sin aparecer y Jones Huala permanece detenido. El año pasado ya lo habían encarcelado por el pedido de extradición, pero la Corte Suprema intervino para pedir su liberación. «Llevo acá bastante tiempo, por una situación de persecución política», alerta, y relata: «Justo el mismo día en que fui detenido, Macri tenía una reunión con Michelle Bachellet, donde mi caso particular fue un tema de agenda bilateral». Para finalizar, considera: «Ya fui juzgado por esos hechos el año pasado y ahora dicen que tienen que hacer de nuevo el mismo juicio con argumentos técnicos totalmente falaces. Se vulneraron todas las garantías jurídicas y el debido proceso, y me encuentro nuevamente encarcelado como prisionero político de la comunidad mapuche».

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