El recalentamiento planetario, originado por las emisiones de dióxido carbono en la quema de combustibles fósiles, está causando una mayor frecuencia e intensidad de los huracanes, dijo a Sputnik el director ejecutivo de Greenpeace México, Gustavo Ampugnani.

El presidente de EEUU, Donald Trump, quien cuestiona la veracidad científica del cambio climático y sacó a EEUU del Acuerdo de París, el tratado internacional contra ese fenómeno, «puede ahora observar lo nunca antes visto: el huracán Irma en el Caribe es el más poderoso que se ha generado en el Atlántico, en registros históricos conocidos».

El ambientalista de origen argentino, quien comenzó a sus 17 años como miembro de Greenpeace en Brasil para la Cumbre de la Tierra de 1992, señaló que los cuestionamientos de Trump obligan «no solo a cumplir los compromisos del Acuerdo de París, sino a redoblar el esfuerzo por impedir una mayor catástrofe planetaria».

«Nunca un huracán había desarrollado una potencia así, como la que ha mostrado Irma», dijo el ambientalista, quien llegó a México en el Rainbow Warrior, la mítica embarcación de Greenpeace.

Ampugnani explicó que la diferencia de Irma es importante: «muchos de los huracanes que fueron más fuertes se generaron en las aguas cálidas de Golfo de México, pero este surgió de las aguas más frías y profundas del Atlántico, una tormenta monstruosa».

Creer en la ciencia

«Lo que nos dice la ciencia es que este tipo fenómenos de la atmósfera son claramente un producto del cambio climático, de la actividad humana», dijo el experto.

Hay una clave que muestra que algo profundo ha cambiado en el planeta: «La intensidad que presentan y la frecuencia con la que ocurren los huracanes tienen una relación muy cercana con al incremento a la temperatura global del planeta», sentenció.

El experto reconoció que hay huracanes que no tienen nada que ver con el cambio climático, pero explicó que «su intensidad y su frecuencia sí se originan en los gases industriales y emisiones de carbono, que atrapan lo rayos solares y el calor en la atmósfera», generando el llamado «efecto invernadero».

La superficie del océano es más caliente y genera las condiciones ideales:

«Allí se forman estos huracanes gigantescos, que son cada vez más frecuentes e intensos», explicó.

Ampugnani señaló que las condiciones atmosféricas con muy poco viento frío hacen que el huracán sea más intenso.

¿Qué hacer? 

Esta espiral endemoniada continuará así, «en la medida en que nuestros países dependan de los combustibles fósiles», advirtió.

El efecto invernadero derrite los polos y eleva las temperaturas de los mares, donde los ciclones tropicales se hacen más intensos y destructivos.

El activista consideró insuficientes los esfuerzos actuales contra el fenómeno.

«Hay que ser más radicales y dar un giro de 180 grados para abandonar los modelos energéticos actuales», sostuvo.

Los países productores de petróleo y gas, y las naciones que dependen de ese consumo, tienen que aceptar el futuro o el desastre: «los combustibles fósiles no hay que extraerlos más de las entrañas de la Tierra, y hay que dejar de quemarlos», sentenció Ampugnani.

México espera para la próxima década hasta 60.000 millones de dólares en inversiones petroleras, si el éxito comercial de contratos con las grandes empresas extranjeras y privadas se confirma, aunque los tratos firmados hasta ahora solo comprometen unos 3.000 millones de dólares de arranque.

«En los contratos de hidrocarburos hay mucha especulación, complicidad gubernamental y especulación», comentó el activista.

Y a renglón seguido, puso en duda que todas esas inversiones sean para el desarrollo: «Es una promesa que se remonta a los años 70, pero mucho de ese dinero se va en corrupción y clientelismo político».

Hay una verdad notable:

«México sigue siendo dependiente de combustibles fósiles en materia energética y la mitad de la población sigue siendo pobre», sostuvo.

Para él, la noción de desarrollo que debe dejar atrás es «la construcción de mega proyectos de infraestructura, carreteras, segundos pisos de autopistas».

El 11 de septiembre, el huracán Irma se debilitó y bajó a categoría 1, informó el Centro Nacional de Huracanes de EEUU, tras su devastador paso por varias islas del Caribe y la península de Florida.