La visita del Papa Francisco a Colombia, transcurrida entre el 6 y 10 de septiembre, tuvo un fuerte simbolismo en un país que transita de la guerra a la paz.

‘Iré como peregrino de esperanza y paz’, anunció el Sumo Pontífice un día antes de su llegada a tierra colombiana, donde 45 millones de habitantes son católicos, de una población de 47 millones.

Colombia necesita la participación de todos para abrirse al futuro de la esperanza, dijo en su primera jornada pastoral, tras recibir el mensaje de bienvenida del presidente del país, Juan Manuel Santos, en la Casa de Nariño, sede de la presidencia.

‘Juntarse todos en la barca, que así sea para este pueblo’, evocó horas más tarde al oficiar su misa en Bogotá, en la que calificó a los colombianos como hijos de ‘una tierra de inimaginable fecundidad que podría dar frutos para todos’.

No tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación, había alertado en la misa campal de La Habana en 2015 y sobre esa idea volvió en la ciudad colombiana de Villavicencio, donde tuvo lugar su segunda eucaristía ante más de 600 mil personas.

‘Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso’, sentenció.

También en la devota Medellín, capital del Departamento de Antioquia, el Obispo de Roma pidió a los feligreses que abrieran sus corazones y no se quedaran en estructuras viejas de odio y rencor.

Un día antes había opinado que hay todavía mucho espacio para la cizaña en la hermosa tierra colombiana. ‘Estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña’, aconsejó.

Pero la paz sin justicia social es una quimera. Por eso su invitación a poner la mirada en los excluidos y marginados de la sociedad.

Si Colombia quiere una paz estable y duradera tiene que dar urgentemente un paso hacia la equidad y justicia, alertó en Cartagena de Indias, última de sus cuatro homilías en el país.

Hay que construir la paz con manos y obras, recalcó Francisco, quien instó a incorporar en ese proceso la experiencia de los sectores históricamente invisibilizados.

El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite, reflexionó el Vicario de Cristo.

El argentino Jorge Bergoglio, convertido en Papa en 2013, clamó también por el cese de la contaminación, de la devastación de los recursos naturales y la especulación financiera que exponen a la pobreza de millones de hombres y mujeres.

Condenó asimismo la lacra de la droga, la prostitución y la trata de personas.

Y concluyó haciendo honor a su misión como peregrino de la paz: ‘No nos quedemos en el primer paso; caminemos juntos cada día. No podemos quedarnos parados’, apostilló antes de tomar el avión que lo llevó de regreso al Vaticano.