La visita del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, a Colombia ha generado el repudio de los ciudadanos del país suramericano.

Cientos de personas protestaron a las afueras del edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores de Colombia contra la visita del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, a quien calificaron de persona “non grata” por sus crímenes contra los palestinos.

En la marcha participaron diversos sectores y movimientos sociales donde han denunciado la persecución del régimen de Tel Aviv contra el pueblo palestino, la expropiación de tierras palestinas y la colonización de las mismas, sin importarle la vida del oprimido pueblo palestino.

En medio de estas protestas, el primer ministro israelí llegó el miércoles a Colombina y se reunió con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en el palacio presidencial de Nariño en Bogotá, la capital del país sudamericano.

En la reunión Netanyahu, volvió a repetir sus acusaciones contra la República Islámica de Irán, afirmando que “los lazos terroristas de Irán están en todas partes, incluyendo Latinoamérica”.

“Nosotros creemos que todos los países deberían unirse igual que Israel está colaborando con los países árabes para evitar que la opresión y el terror se expanda a otros países», ha agregado.

Netanyahu acusa a Irán de expandir el terrorismo al mundo mientras que en reiteradas ocasiones se han revelado el apoyo de este régimen a los terroristas que operan en Siria, entre ellos el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe).

El objetivo principal de Netanyahu es ampliar los lazos económicos, comerciales y militares con los países de América Latina y acercarse a países susceptibles de votar a favor de Israel en los organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en los que se le suele condenar por la ocupación de los territorios palestinos.

El régimen de Tel Aviv ha firmado diversos contratos con Colombia en la exportación de armas y equipos militares y el intercambio de conocimiento militar.

Israel armó a las dictaduras latinoamericanas, entre ellos el exdictador chileno Augusto Pinochet durante las décadas del 70 y 80, en muchos casos a pedido de Estados Unidos, que necesitaba de un aliado confiable para sostener a los regímenes militares en la región.

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