Hasta inicios de la Quinta República, la llamada pirámide de estratificación social tenía una gran base en las clases populares, que de acuerdo a su nivel de pobreza podían considerarse crítica o extrema. En el vértice de la pirámide se ubicaba la supuesta burguesía, controlando los grandes capitales nacionales y representando los intereses foráneos.

En solo 19 años este mapa ha ido cambiando radicalmente. Una nueva sociedad se ha venido construyendo, agrupando y dinamizando a través del motor ético-político que ha dado paso a una novedosa conciencia de clases entre los venezolanos, para llevar a identificarnos con quién y a dónde pertenecemos.

Esa amplia base de pobreza se ha ido reduciendo y, si bien es cierto que se mantiene una estratificación social, son categorías que merecen una revisión a fondo y un replanteamiento de sus interrelaciones.

Somos miles, millones y millones de venezolanos que queremos un cambio, que trabajamos por mejorar nuestro mundo material y que nos seguimos reagrupando en torno a valores y principios y así quedó demostrado en la elección de la Constituyente.

Mientras la otrora clase dominante criolla sigue luchando a plomo y fuego en defensa de sus intereses económicos. Para ello necesitan carne de cañón y necesitan complicidad, y salen a comprarla, no solo con dinero, sino con sofisticados mecanismos de manipulación.

Es una derecha fascista que le llega a miles de venezolanos desclasados, que creen que su lugar está al lado de la clase dominante. Esos que creen que cuando saquen al presidente Nicolás Maduro, ellos se van a poder mudar desde el edificio Los Verdes hacia Altamira para ser vecinos de María Machado; que de pronto Lilian Tintori, en recompensa por tantos muertos, se los puede llevar de viaje con ella.

Estos venezolanos confundidos, desinformados, manipulados, han sido desechados una vez más por la derecha fascista. Para ellos no son más que instrumentos “prescindibles” y sus muertos y angustias no son más que “daños colaterales” de una guerra en contra de sus propios intereses.

Debemos pensar cómo sensibilizar a esos compatriotas, que lamentablemente los van a volver a utilizar en octubre.

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