Las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos, históricos aliados, atraviesan un momento tormentoso tras las recientes declaraciones del presidente Donald Trump contra Islamabad, que mira con desconfianza la nueva estrategia de la Casa Blanca para la región.

Con la invasión del Pentágono a Afganistán en 2001 comenzó una nueva fase de los lazos entre ambas naciones, signados desde entonces por altibajos, acusaciones y denuncias.

Mientras en Washington los antiguos vínculos entre el Talibán afgano y los servicios de inteligencia pakistaníes son motivos de preocupación, Islamabad siempre recriminó a la nación norteña sus ataques con drones militares contra objetivos en su territorio, causantes de numerosas muertes de civiles.

La campaña militar tuvo un impacto negativo en las zonas tribales pakistaníes limítrofes con Afganistán por el alto número de refugiados que allí llegaron, los enfrentamientos y la destrucción causada.

Toda la zona fronteriza, en gran parte montañosa y de difícil acceso, se convirtió en un hervidero de grupos armados, encabezados por el Talibán, cuyo centro de poder siempre fueron las aéreas pobladas mayoritariamente por la etnia pastún, que vive a lo largo del borde.

Ante la incapacidad de derrotar a los talibanes, durante la última etapa de gobierno de Barak Obama se dieron tímidos pasos para intentar sentar a todas las partes en la mesa de diálogo.

Trump ahora prometió más armas y soldados para derrotar a los insurgentes, que tras 16 años de guerra controlan cerca del 40 por ciento del territorio afgano.

Pero el presidente fue más allá al anunciar sus nuevos planes, y en ese sentido lanzó un duro ataque verbal contra Pakistán, a cuyo gobierno acusó de proteger a grupos extremistas que combaten en la vecina nación.

‘Hemos pagado a Pakistán miles de millones de dólares mientras albergan a los mismos terroristas que estamos combatiendo. Esto tiene que cambiar y cambiará de inmediato’, advirtió.

Estas palabras causaron una ola de reprobación en el país islámico, donde tanto el gobierno como la oposición rechazaron los comentarios y denunciaron la nueva estrategia militarista de Trump.

En menos de una semana, el Comité de Seguridad Nacional, encabezado por el primer ministro Shahid Khaqan Abbasi, se reunió en dos ocasiones para evaluar las declaraciones del jefe de Estado y la nueva estrategia de Washington para Afganistán.

Días atrás Abbasi rechazó esas acusaciones y afirmó que el nuevo plan está destinado al fracaso.

Mientras, el gobierno suspendió sus contactos con Estados Unidos hasta nuevo aviso en señal de protesta, que tuvo como primera damnificada a la secretaria de Estado norteamericana para Asia Meridional y Central, Alice Wells, quien se vio obligada a aplazar su viaje a Islamabad.

Uno de los más críticos fue el líder del opositor partido Tehreek-e-Insaf, Imran Khan.

Las declaraciones de Trump enseñarán a Pakistán de una vez por todas una lección valiosa: nunca pelear las guerras de otros por unos dólares, escribió en su cuenta de Twitter.

También el parlamento por unanimidad condenó las amenazas del inquilino de la Casa Blanca.