Expertos en política aseguraron que es imposible un gobierno libanés sin la participación de la Resistencia Islámica o Hizbulah, so pena de iniciar otra guerra civil.

En declaraciones reproducidas hoy por medios locales, Hilal Khashan y Sami Nader, profesores universitarios, coincidieron en que sin el Partido de Dios en el Gobierno, se sirve la mesa a un conflicto armado interno.

Ambos ratificaron que la formación de un Gabinete a corto plazo resulta difícil, por la repentina dimisión del primer ministro Saad Hariri, líder del sunita Movimiento Futuro.

En lo inmediato no hay una figura sustituta para Hariri que llegó al poder en una componenda que puso a Michel Aoun en la presidencia y a él en la jefatura del Gobierno.

Khashan y Nader pronosticaron que el gabinete de 30 ministros continuará en sus puestos para custodiar el proceso de las elecciones generales de mayo próximo.

Ni siquiera veo la formación de un gobierno porque ningún líder sunita se atrevería a formar uno nuevo sin antes resolverse la cuestión de la renuncia de Hariri, aun no aceptada por el presidente, precisó Khashan.

‘El Líbano está preparado para una prolongada parálisis política a la que está acostumbrado’, indicó, en referencia a los 29 meses (mayo de 2014 a octubre de 2016) sin presidente.

Respecto a las reafirmaciones de los principales líderes políticos de que las elecciones parlamentarias programadas para mayo próximo se realizarán a tiempo, el analista se mostró escéptico. Los comicios están en el aire, apuntó.

Nader, por otro lado, descartó la posibilidad de un gobierno que excluya a los partidos políticos, incluido Hizbulah.

Las posibilidades de formar un gobierno tecnócrata son escasas, agregó, porque la ley electoral proporcional, aprobada en junio pasado, impide obtener mayoría parlamentaria.

En cualquier caso, Nader aseguró que es poco probable recomponer un gobierno dadas las divisiones políticas internas y la feroz lucha de poder desencadenada en la región.

El especialista vaticinó que el gabinete actual fungirá como vigilante hasta el ejercicio comicial de mayo y mientras tanto buscará manejar el conflicto con Hizbulah causado por la rivalidad entre los dos adversarios regionales, Arabia Saudita e Irán.

Las autoridades sauditas acusan a la Resistencia Islámica libanesa por el lanzamiento el sábado último de un misil desde Yemen contra Riad, hecho que interpretó como una declaración de guerra por Beirut.

Ni el gobierno libanés ni Hizbulah respondieron a esa acusación, expresada por el ministro saudita para Asuntos del Golfo, Thamer al-Sabhan.

‘El gobierno libanés será tratado como un gobierno que declara la guerra a Arabia Saudita y todos los libaneses deben darse cuenta de ese peligro y trabajar para resolver los problemas antes de que lleguemos al punto de no retorno’, acotó Al-Sabhan.

Y prometió que el reino saudita forzará a un regreso de Hizbulah a ‘sus cuevas’ en el sur de El Líbano.

La Resistencia Islámica libanesa nació en 1982 con ayuda y asesoría de Irán para luchar contra las tropas israelíes que ocupaban El Líbano.

Su última gran guerra con el régimen de Tel Aviv tuvo lugar en 2006, durante la cual le asestaron una dura derrota al invasor sionista.

Desde entonces Hizbulah fortaleció sus posiciones.

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