La más reciente denuncia de venta de esclavos subsaharianos en Libia conmovió a la opinión pública mundial y continúa impactando a muchos

Reportes de medios de prensa señalan que en suelo libio eran frecuentes las subastas de ciudadanos -mayormente migrantes procedentes de África al sur del Sahara- para realizar trabajos en calidad de esclavos.

Esa posibilidad constituye una nueva versión del peligro al que se someten los subsaharianos que de alguna forma llegan a territorio de Libia, devenido ‘puente’ para alcanzar las costas de Europa, pero también teatro de operaciones de mafias acusadas de tráfico ilegal de seres humanos.

La imputación que concluyó en escándalo partió de que en la grabación aparecían varios ciudadanos subsaharianos siendo subastados (vendidos) a un comprador, quien permanecía fuera del foco captado por el celular. Después de muchas evaluaciones se precisó que el material se filmó en el sur de Trípoli, la capital.

Según la televisora estadounidense CNN, esta venta de hombres por unos 400 dólares cada uno, ocurre una o dos veces al mes, pero faltan muchos detalles al respecto, debido al secretismo de tales operaciones, que (institucionalmente) se presumía desaparecieron y ahora las actualiza la decadencia en que se halla la petrolera Libia.

Tras el derrocamiento y asesinato del líder Muamar Gadafi, el país cayó en el caos y eso condujo a la fractura del control político-territorial, la multiplicación de grupos armados y las escaladas delincuenciales, las cuales se vinculan con la pérdida de la seguridad, la autoridad, la soberanía y a otras irregularidades como la trata de personas.

El rotativo Saturday Standard, de Kenya, publicó su versión de un informe de Inteligencia, en el cual se aludía a cinco nacionales que viajaron ‘desde la relativa tranquilidad de sus hogares hasta el áspero mundo del mercado de esclavos libios’.

Los cinco hombres emigraron a través de una ruta de tráfico establecida por uno de los grupos de contrabando más connotados de Libia, la llamada Red Magafe. Así partieron de Nairobi para cubrir un largo y complicado itinerario.

Tras salir de Kenya llegaron a Uganda y luego a Juba, en Sudán del Sur y desde ahí a Jartum., antes de entrar finalmente en territorio libio, con el fin de sumarse a la Jihad (guerra santa islámica), pero tras caer en la red de tráfico humano concluyeron vendiéndose como esclavos.

‘La red Magafe atrae a jóvenes desprevenidos e inocentes con el pretexto de ofrecer empleo y dinero, mientras que otros se sienten atraídos por la narrativa de Jihad y la lucha por un califato musulmán’, añadió el informe de Inteligencia.

Ellos -los cinco migrantes- descubrieron que eran inútiles para el grupo terrorista y finalmente ‘se vendieron en los mercados de esclavos’. Se cree que las consecuencias no solo fueron por la no adaptación fácil a las duras condiciones climáticas, sino también a que algunos de ellos querían salirse, pero de esa trampa ninguno escapa. (Tomado de Semanario Orbe)

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