Un informe revela que cerca de 700.000 civiles estadounidenses murieron como resultado de pruebas nucleares de EE.UU.

Un estudio recién llevado a cabo evidencia que entre 340.000 y 690.000 estadounidenses murieron durante las pruebas nucleares llevadas a cabo en Estados Unidos entre 1951 y 1973, una cifra mucho más elevada que la que se creía antes.

El estudio, realizado por el economista Keith Meyers, de la Universidad de Arizona, según informó el jueves la página web Quartz, toma en cuenta los efectos ambientales de la dispersión de contaminación nuclear en y cerca de los territorios donde se llevaron a cabo pruebas atómicas.

Más específicamente, Meyers también tomó en consideración la contaminación de leche de vacas que se alimentaban de pastos contaminados con material nuclear en las zonas donde se realizaron pruebas nucleares.

Según el informe, las vacas, alimentándose de los pastos contaminados, transferían mediante su leche la contaminación nuclear a las comunidades más cercanas donde se incrementó de manera significativa los casos de cáncer y las muertes registradas por esta razón.

De este modo, la cifra de muertes debido a pruebas nucleares estadounidenses se elevó a entre 340.000 y 690.000 personas mientras que anteriormente esta cifra se situaba en unos 50.000 civiles, lo que presenta una multiplicación de 7 hasta 14 veces en el número de víctimas.

El autor del estudio asegura que las pruebas nucleares, si se hubieran continuado realizando sobre la superficie, podrían haber causado la muerte de entre 11.7 y 24 millones de estadounidenses, por lo que resaltó la importancia del Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares (TPPEN), un acuerdo concretado a nivel internacional el 5 de agosto de 1963.

“Este estudio revela que hay más víctimas de la Guerra Fría de lo que se pensaba anteriormente aunque la medida en que la sociedad todavía sufre de los costos de la Guerra Fría sigue siendo una pregunta abierta”, dice Meyers.

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