Tras seis meses de prolongadas negociaciones para llegar a un acuerdo de divorcio lo más cordial posible, el Reino Unido y la Unión Europea (UE) acordaron avanzar a una segunda etapa del tortuoso retiro programado para finalizar en marzo de 2019.

El 15 de diciembre, ambas partes anunciaron que estaban listas para pasar la página y debatir sobre las relaciones futuras, así como sobre el posible establecimiento de un período de transición.

Sin embargo, los problemas impidieron que el siguiente paso fuera una solución clara y efectiva. A pesar de los intentos de ocultar el polvo debajo de la alfombra, la persistencia de desacuerdos y disconformidad es evidente.

Ha transcurrido un año y medio desde el referéndum de que 17 millones 410 mil 472 ciudadanos británicos (52 por ciento) decidieron abandonar el bloque comunitario y, según las encuestas, la opinión predominante de hoy es totalmente lo contrario.

Sin embargo, la primera ministra Theresa May insiste en cumplir con lo decidido en la consulta del 23 de junio de 2016, y evita referirse a otra posible votación, presentando avances con la UE como un regalo de Navidad.

Después de un 2017 de diálogos redundantes e infructuosos, 2018 comienza con amenazas de pequeños cambios y largas conversaciones.

A pesar del optimismo de algunos, el presidente del Consejo de Europán, Donald Tusk, advirtió que la próxima etapa será una «carrera feroz contra el tiempo», asegurando que el «desafío más difícil aún está por venir».

«Sabemos que las rupturas son difíciles, pero separar y construir una nueva relación es mucho más complicado. Dedicamos demasiado tiempo a la parte más fácil del proceso y ahora tenemos menos de un año para negociar un acuerdo de transición y el marco de los vínculos bilaterales «, aseguró.

Según lo previsto, un tratado definitivo sobre la retirada del Reino Unido debería estar listo para octubre de 2018 y el vínculo de separación se rompería el 29 de marzo de 2019, a las 23:00 hora local.

Sin embargo, estudios recientes como el realizado por la agencia Survation, muestran el apoyo de la mitad de los ciudadanos británicos para realizar una nueva consulta para ratificar o rechazar un acuerdo final con el bloque.

Según esa compañía, solo el 34 por ciento de las personas entrevistadas se opone al retorno a las urnas y el 16 por ciento se abstuvo.

Además, el 57 por ciento se opone al pago de 45 mil millones de euros a la UE, mientras que el 47 por ciento es pesimista sobre la posibilidad de firmar un acuerdo de separación.

En otra cuestión, el 43 por ciento considera que Londres perdió más que Bruselas en las negociaciones.

Mientras tanto, una encuesta llevada a cabo por BMG Research para The Independent indica que el 51 por ciento de los ciudadanos prefieren permanecer en la UE, mientras que 41 favorecen la retirada.

Después de seis rondas, los representantes de Londres y Bruselas anunciaron el 8 de diciembre que se habían dado los pasos necesarios para pasar al siguiente paso, una decisión ratificada por el Consejo Europeo una semana después.

El documento establece la metodología para calcular y garantizar el pago de la factura de divorcio y garantiza el acuerdo de paz del Viernes Santo (1998), manteniendo la frontera invisible entre Irlanda e Irlanda del Norte.

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