La gestión del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, se centra en la prevención de conflictos, pero actualmente enfrenta el desafío de las crecientes crisis en todo el mundo.

Según una declaración emitida por la ONU, el 2017 marcó un cambio en el liderazgo de esta organización, ya que Guterres comenzó su mandato en un momento de grandes desafíos mundiales.

La crisis de refugiados de más rápido crecimiento en el mundo tiene lugar en la frontera de Myanmar con Bangladesh, mientras que la hambruna prevalece en Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia.

Más de 600,000 rohinyas fueron a Bangladesh huyendo de la violencia y los abusos a los que están sometidos y, según Naciones Unidas, el número seguirá aumentando si los ataques en su contra no se detienen.

Unos 8,5 millones de personas en Yemen están al borde de la mayor hambruna en el mundo en los tiempos modernos, mientras que los sistemas de agua y saneamiento casi se destruyen y un brote mortal de cólera mata a la población.

La crisis de los inmigrantes representa otro de los mayores desafíos para las Naciones Unidas, casi 100.000 personas cruzaron el mar Mediterráneo en 2017 y 3.000 personas murieron en el intento.

Muchos de esos inmigrantes escapaban de la pobreza y del conflicto en el África subsahariana, pero son asesinados en el intento o se convierten en víctimas de grupos delictivos que hacen negocios con su tragedia.

Según las estadísticas de las Naciones Unidas, alrededor de un millón de personas están esperando un boleto en Libia, atrapadas en una situación interminable de abuso, explotación e incluso esclavitud.

En 2017, el ataque más sangriento reportado en décadas contra las fuerzas de paz de la ONU tuvo lugar en la República Democrática del Congo, dejando 14 soldados tanzanos muertos.

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