Artículo Original: Komsomolskaya Pravda

El último día del año, Petro Poroshenko firmó un decreto innovador. Dice así:

“A partir del 1 de enero de 2018, la frontera estatal de Ucrania introduce control biométrico para setenta países, incluida la Federación Rusa, durante los controles fronterizos en los puestos de control a lo largo de la frontera estatal ucraniana”. El control biométrico guarda todos los datos, incluida una fotografía digital. Los llamados “pasaportes biométricos” contienen un chip con toda esa información que guarda el pasaporte.

Según el nuevo decreto firmado por el presidente de Ucrania, se requerirá a los ciudadanos de países calificados como “de riesgo” registrar las huellas dactilares de los diez dedos de las manos. Desde el pasado septiembre, Rusia forma parte de los países que conforman el “grupo de riesgo” junto a países de África y Oriente Medio. En el futuro, se planea introducir, para los ciudadanos rusos, lo que llaman “aviso previo sobre un viaje a Ucrania”.

El sistema de control biométrico costará a la pobre Ucrania 19 millones de dólares. Si Rusia respondiera con reciprocidad a esta poco amistosa medida del Estado ucraniano, nuestros vecinos sufrirían, según Anatoly Wasserman, una inmediata escasez de pasaportes biométricos: producen muy pocos y son muy caros. Este experto considera que estas medidas buscan reducir el flujo de migración de trabajadores a Rusia: es demasiado evidente la diferencia en calidad de vida. Y hay que dirigir el flujo de trabajadores ucranianos hacia Europa para acabar con el “problema” de la inmigración de Oriente Medio que Europa no quiere.

Es probable que la introducción de controles biométricos para los ciudadanos rusos sea un primer paso para introducir un régimen de visados entre los dos países. Es algo evidente si se revisan las declaraciones de diferentes políticos ucranianos. Se ha manifestado a favor de la idea de introducir un régimen de visados el ministro de Asuntos Exteriores Pavlo Klimkin, aunque con matices: “si el control biométrico de los rusos no funciona”. Zoryan Shkiryak, asesor del ministerio del Interior, por su parte, no duda de que el régimen de visados se introducirá antes de finalizar 2018: “no hace falta que nos preocupemos de la reacción de Moscú a esta iniciativa. En Mordor (como este oficial, tan cariñosamente, se refiere a Rusia) reaccionan de forma que generalmente nos es predecible”.

En Mordor, es verdad que se ha respondido de forma suave y en este tiempo se ha simplificado la forma de rechazar la ciudadanía ucraniana [necesario para obtener la ciudadanía rusa]. Ahora puede hacerse desde el extranjero, simplemente con el envío de una carta registrada a la embajada de Ucrania.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania no ha comentado cómo reaccionarán los millones de ucranianos que trabajan en Rusia. Pero es fácil de adivinar: los trabajadores inmigrantes se convertirán en ciudadanos rusos y se llevarán a sus familias. En el contexto de un nuevo declive demográfico, juega a nuestro favor.

Curiosamente, la innovación de los controles biométricos no afecta a los ciudadanos de Crimea, que en la imaginación de las autoridades de Kiev, siguen siendo considerados como ciudadanos ucranianos.

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