Después del fracaso de la MUD (partido de la oposición respaldado por Estados Unidos en Venezuela) en la Mesa de Diálogo acompañado por varios gobiernos, incluida la República Dominicana, quedó claro el propósito de quienes presionaron desde diferentes instancias para llegar a un acuerdo de no ser alcanzado: incitar a la intervención internacional de naturaleza militar o «humanitaria» como la única opción posible.

Desde esta tribuna, hemos descrito en profundidad las implicaciones reales de lo «humanitario» en cualquier solución propuesta por las franquicias políticas que conforman la MUD, hay ejemplos de las perversiones que las acciones de la ONU, la OTAN y otras instituciones multilaterales encabezadas por los Estados Unidos.

Sin embargo, la intervención humanitaria ha sido la petición de políticos como Antonio Ledezma, quien fue sentenciado por los delitos de conspiración para la rebelión y asociación para cometer un crimen, pero escapó después de que se le confirió la medida de casa por cárcel.

El ex alcalde de Washington solicitó un «Plan Venezuela» como parte de una campaña que, aunque no es una elección, está llena de promesas y buenas intenciones. Este catálogo de ventas del país evoca el saldo de muertes y desplazados que dejó el Plan Colombia, la república vecina es campeona mundial en asesinatos de líderes sociales y el área cultivada de coca goza de buena salud. Ledezma intenta ser el agente que pavimenta el terreno internacional de la intervención, porque en el local se probó en las calles de Caracas durante la década de los noventa, matando estudiantes y reprimiendo a adultos mayores que exigían más y mejor seguridad social cuando era gobernador de Caracas .

Luego aparecen las súplicas y justificaciones de intelectuales como Juan Sosa Azpúrua que responden más a las perturbaciones de las personas ganadas por el odio que a las aclaraciones políticas o legales. En una entrevista publicada en la red, el académico defiende que «el Grupo de Lima, Almagro, Estados Unidos y la Unión Europea se unen en una coalición pro-libertad de Venezuela», sin embargo, cuando se le preguntó por qué insiste en la intervención, Afirmó que «Simón Bolívar recurrió a esa ayuda para lograr la independencia de Venezuela, sin esa ayuda, Europa sería nazi, sin esa ayuda, decenas de países serían condenados hoy al peor infierno».

Confiado en su condición de clase con respecto a los posibles invasores, Azpúrua predice quiénes serían los primeros objetivos de guerra en el caso de la intervención deseada.

Otro erudito cuestiona la hegemonía de los Estados Unidos porque en este momento no ha habido tal intervención, tal vez sin las invasiones al estilo de Guatemala, Haití o Panamá.

No sin antes subestimar la moral y la capacidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), a diferencia de Ledezma que no oculta el escenario que prefigura.

Siendo más precisos, este otro abogado habla de dónde surgiría la eventual intervención militar extranjera de una supuesta orden que ya había dado Rex Tillerson, secretario de Estado de EE. UU.

Mostrando su abultada escala profesional, piensa en su intervención preferida en un ejercicio ilusorio con respecto al Estado, como si hubiera algo de pie después de recibir la dosis de democracia que habitualmente ofrece cualquier ocupante de turno en la Casa Blanca.

Sin embargo, mantiene un discurso inquietante con respecto a los países ribereños de Venezuela, delineando los supuestos como hechos inminentes en los que jura que no se verá afectado.

Finalmente, aclara cuál es el verdadero negocio de la guerra, además de la venta de armas, ya que en Irak o Libia los poderes hacen jugosos negocios con los contratos de reconstrucción.

Un periodista del sitio Dollar Today que fue víctima de la violencia criminal en los últimos tiempos (hecho que se atribuyó al Gobierno, aunque luego se demostró lo contrario) vuelve a llamar a las calles afirmando que todo está listo para la intervención, sin duda que los Guarimbas ser un gran apoyo para esta tarea.

Mientras tanto, las agencias internacionales revisan los «movimientos espontáneos» que solicitan la intervención como un mecanismo extremo para completar lo que la agenda de sanciones y violencia callejera no pudo lograr en 2018. El propietario tiene más texto que las noticias en sí y refleja un movimiento nacional e internacional opinión para legitimar una acción militar contra Venezuela.

Toda esta campaña que intenta suavizar la opinión pública y la comunidad internacional es cada vez más intensa a medida que pasan los días, la guerra psicológica varía desde las promesas de Ledezma hasta las amenazas de los operadores de medios.

Ninguno de los que claman por la intervención ha querido asumir el atronador fracaso del ejercicio de la política y su nuevo liderazgo, pero han optado por la intervención de un tercero, fortaleciendo así la narrativa hollywoodiense del superhéroe que los salva. No se requieren más pruebas de la alienación de cierta intelectualidad intoxicada por su propio imaginario.

Antes de buscar tomar las riendas, promover la demolición del Estado para imponer las condiciones de una clase que ha mostrado poca empatía con las mayorías, lo que está alineado con el plan de Deep State que Trump y la red de intereses de su entorno.

Está claro que se niegan a aceptar que ellos y muchos de sus seguidores también se verán afectados en un escenario de guerra, de ahí la miseria de un enfoque que es fundamentalmente suicida. Incluso para aquellos que buscan «salvar» pidiendo bombardeos y cascos azules.

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