Artículo Original: Andriy Manchuk

Como todos saben, en Ucrania no hay fascismo a pesar de que estallan escándalos en ese sentido prácticamente a diario. Uno de ellos se está desarrollando ahora mismo. Como destapó el bloguero Anatolii Sharii, el cónsul de Ucrania en Hamburgo, Vasiliy Marushinets, publicó en Facebook toda una serie de apologías del nazismo e insultos contra judíos, rusos, polacos y húngaros que abiertamente niegan los crímenes del Holocausto. Curiosamente, todos sus colegas conocían la postura ideológica de Marushinets, pero eso no suponía ningún problema. Es más, representantes del cuerpo diplomático de Ucrania realizaron comentarios aprobando mensajes como imágenes con esvásticas y comentarios sobre “los judíos” como si fuera algo normal viniendo de un oficial que representa al Gobierno ucraniano en Alemania, donde este tipo de retórica se castiga con penas de cárcel.

Esta historia inmediatamente recuerda el reciente incidente en Lviv, donde la diputada del Consejo Municipal en representación de Svoboda y profesora de instituto, Mariana Batiuk, felicitó el cumpleaños a Adolf Hitler. En el perfil de la profesora se encontraron imágenes nazis y una imagen que sorprendió al público en la que realizaba el saludo Nazi junto a sus estudiantes. Poco después, la líder de la facción local del Praviy Sektor en Odessa, Tatyana Soykina, públicamente afirmó que Ucrania pertenece “a los ucranianos, no a los judíos”. Y prácticamente al mismo tiempo, en una discoteca de Kiev se produjo un escandaloso concierto de grupos neonazis en el que participaron numerosos veteranos de “ATO” y en el que abiertamente se mostraron runas de las SS y esvásticas.

Desde el 9 de mayo, la prensa ucraniana ha catapultado a la conciencia pública tesis revisionistas según las cuales el Tercer Reich sería algo así como un mal menor en comparación con la Unión Soviética, demonizada hasta el extremo. Por ejemplo, el periodista Dmitry Gordon lanzó un pensado discurso que defendía esa tesis en una aparición en el canal 112 Ukraina. Según el periodista, él mismo se entregaría sin dudarlo a los “brillantes cabrones”, los Nazis, ya que supuestamente salvaron a la población de morir de hambre. Y aunque el presentador intentó, tímidamente, oponerse a dichas tesis recordando que la victoria de los Nazis habría supuesto la exterminación de los judíos, ucranianos y otras nacionalidades de la Unión Soviética, Gordon afirmó categóricamente que Ucrania se habría convertido en la “república agraria de Alemania”. En su opinión, los habitantes de nuestro país dieron la bienvenida a los Nazis con pan y sal, y de no haber sido por la resistencia, los partisanos soviéticos, el régimen de ocupación no habría sido tan cruel con nuestros compatriotas.

Hay que insistir en que un popular programa informativo de la cadena TSN se ha unido con el mismo argumento. Según los periodistas, las sangrientas masacres de los habitantes de Koriukivka, en la región de Chernigov, fueron provocadas por el “crimen” de los partisanos locales, que osaron atacar a los alemanes en lugar de soportar obedientemente su ocupación.

Finalmente, la web Istoricheskaya Pravda [la verdad histórica] ha publicado el material sobre “la creación de la División Galichina como proyecto político y opción de civilización”, en la que, de forma inequívoca, defiende la idea de que la colaboración con los Nazis, que supuestamente [según el nacionalismo revisionista que busca legitimar la opción de quienes colaboraron con la Alemania Nazi contra la Unión Soviética-Ed] “garantizaba la creación de un Estado Ucraniano en la Nueva Europa”. “Con la participación en la lucha contra los bolcheviques, los ucranianos defendían que su nación ocupaba un lugar especial dentro de la familia europea y esperaban un futuro decente. Los Nazis reconocieron este derecho”, escribe el autor, el historiador Roman Ponomarenko, en su revisión de los resultados de la Segunda Guerra Mundial. Según esta visión, compartida en gran parte por un amplio sector de los nacionalistas ucranianos, el Día de la Victoria contra el Nazismo es, en realidad, un día de luto por la civilización aria Europea del Reich, con su Babi Yar y su Buchenwald, contra las hordas de barbaros del este.

Este revisionismo histórico que ha emergido en los últimos años y que se ha colado por todos los poros de la sociedad ucraniana, emana de la lógica de la ideología anticomunista del Estado, que se ha practicado durante varias generaciones. Como saben, la idea principal es que el poder soviético es el mal absoluto que amenazó con destruir definitivamente a los ucranianos. Según esta lógica, al atacar a la Unión Soviética, los Nazis se ven, en este contexto, como una opción más preferible y humana. Así que, cuanto mayor fue su colaboracionismo, mayor es la canonización de esos “héroes de la nación” como Shujevich, Bandera o Yaroslav Stetsko, que claramente mencionó en el “acta de proclamación del Estado ucraniano” el nombre del “gran Führer de la nación alemana”.

Esta idea se ha generalizado incluso entre los representantes liberales, que, a pesar de condenar el régimen de Hitler, aprueban la colaboración de los nacionalistas ucranianos: era preciso cooperar con los alemanes en busca de un objetivo mayor, la lucha contra el yugo de Stalin.

Esta línea ideológica ha hecho de Ucrania el único país de Europa que busca reescribir los resultados de la Segunda Guerra Mundial tanto a nivel de políticas públicas como de historiografía académica. Los representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania no vieron nada especialmente preocupante en los mensajes pronazis del cónsul en Hamburgo porque sus contenidos son coherentes con las tendencias nacionalistas que se han generalizado. En Ucrania, nadie habría prestado especial atención si esos mensajes antisemitas del diplomático no hubieran causado un escándalo en la prensa internacional. Además, el tema del revisionismo histórico ya había sido planteado en la prensa internacional en una reciente carta de los congresistas estadounidenses que llamaron la atención sobre la financiación estatal del antisemitismo en Ucrania.

Los expertos occidentales son perfectamente conscientes de que nuestro país se está convirtiendo en un laboratorio para el desarrollo y expansión de la ideología de la extrema derecha, prohibida en la educada sociedad europea pero una realidad habitual en la sociedad ucraniana tras la victoria de Euromaidan. Algo parecido ocurre con Rusia. No es ningún secreto que los nazis más radicales se mudaron a Kiev, que se ha convertido en la Meca de la extrema derecha radical, justo al lado del “país agresor”. No hay duda de que, en algún momento, la prensa intentará imponer en la sociedad rusa los mismos conceptos del revisionismo histórico junto a nuevos “héroes” como Krasnov o Vlasov [que, como los nacionalistas ucranianos, también colaboraron con los nazis-Ed]. Los intentos de ignorar esta amenaza o la posibilidad de que aparezca un “Vyatrovich ruso” pueden salir muy caros en el futuro.

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