En estos tiempos de hiper saturación comunicacional, donde los medios para difundir ideas y opiniones se multiplican exponencialmente cada día en sus formas y métodos, restando de manera inversamente proporcional el espacio a la capacidad de los individuos para detenerse a analizar todos y cada uno de los mensajes que transmiten, resulta lógico que el lector o el oyente habitual terminen colapsados ante el bombardeo constante, sistemático y programado de datos que no da tregua al raciocinio para procesarlos.

Cuando esa dinámica invasiva y planificada de datos se incorpora a la temática política, en sociedades altamente polarizadas como la nuestra y donde el marco geo político es determinante, pues acudimos a lo que pudiéramos definir como una obstinante imposición opinática, que termina alucinando al más pintado y consolida falsas perspectivas de contexto en la masa, con lo que finalmente cumplen un objetivo: justifican acciones que por otros medios resultarían inaceptables.

Recordemos como somero ejemplo de esto que durante meses se indujo al mundo a pensar que había armas de destrucción masiva en Irak y con ello se consolidó la anestesia moral frente a la invasión posterior a ese país, hoy totalmente devastado por los efectos de la presencia de EEUU y sus corporaciones. Un escondido rincón de esos mismos medios, mucho tiempo después, reconocería que de las armas de destrucción masiva no encontraron ni pintura. Pero el objetivo ya se había logrado. Algo similar ocurre hoy contra Venezuela.

Lo define muy bien Denis de Moraes, en su artículo titulado La saturación mediática en el capitalismo neoliberal (publicado en el portal Rebelion.org), al decir: «No me parece exageración decir que el virus de la saturación afecta la sensibilidad crítica, induciendo, sutilmente, al individualismo, a la dispersión y a la complacencia delante de injusticias sociales. Una tajada expresiva del que se transmite en exceso, en lugar de esclarecer, muchas veces confunde, tantas son las mediaciones que cruzan los recorridos y cambios comunicacionales». Estos planteamientos no son nada novedosos, si a ver vamos las viejas tesis Goebbelianas de la propaganda, utilizadas por el nazismo, pero también aplicadas por todos los poderes hegemónicos en el mundo, antes y después de la aparición más contundente del fascismo del siglo XX.

Esos principios que metódicamente sistematizó Joseph Goebbels, hoy no pierden un ápice de vigencia en la construcción discursiva y la manipulación de la opinión pública que impulsan contra Venezuela los poderes fácticos transnacionales (es decir, aquellos poderes que están por encima y por detrás de gobiernos, instituciones y supuestos liderazgos individuales). Aplicados esos principios a la conflictividad que se da en torno a Venezuela y su proyecto político emancipatorio encarnado en la Revolución Bolivariana, resulta interesante avanzar en la caracterización de su aplicación por parte de los grandes medios corporativos mundiales (incluyendo los medios venezolanos) que hacen el trabajo sucio a las élites a las que pertenecen. Goebbels sintetizaba en once premisas la función de la propaganda:

1.El principio de simplificación y del enemigo único. Consistente en adoptar una única idea, un único símbolo; Ello se traduce en individualizar al adversario en un único enemigo. En nuestro caso, ese enemigo ha sido caracterizado por las élites como aquello que engloban en «el chavismo», es decir, el símbolo que conforma un proyecto político con una pléyade de seguidores, liderazgos históricos y actuales definidos y concepciones del mundo antagónicas al pensamiento único hegemónico que han impuesto EEUU y Europa. Allí, en todo lo que se pueda cobijar a la sombra de ese concepto, se encuentra el enemigo proyectado de la derecha internacional y sus esbirros criollos.

2.Principio del método de contagio: que implica agrupar diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. Negros, pobres, campesinos, obreros, indios, van aplicando a la sumatoria en la categoría única estigmatizada. Bien vale recordar que en mala hora lo supo Orlando Figuera, mártir y referente del accionar del fascismo desatado en Venezuela por la MUD en 2017, cuando lo quemaron y apuñalaron hasta causarle la muerta, por el hecho de «parecer chavista».

3.Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan». Sobran ejemplos sobre el uso de este principio, pero quizás la sucesión de procesos de judicialización de líderes progresistas (Lula, Dilma, Glats, Correa) que ocurre hoy en la región es un importante y crucial referente de este tema. Y por caso también lo ocurrido en Argentina la semana pasada: a Mauricio Macri se le escapa de las manos el control del dólar, cae la moneda y recurre a un endeudamiento entreguista con el FMI que lo estrella en la opinión pública…entonces es buen momento para lanzar a la calle el procesamiento de la ex presidenta Cristina de Kirchner y sus hijos, por causas grotescamente montadas por el «partido judicial». De librito…seguir culpando a la «pesada herencia» del desfalco actual de aquel país. En el caso de Venezuela, las denuncias sin sustento y las sanciones arbitrarias contra dirigentes políticos del chavismo y autoridades de los poderes públicos legítimamente constituidos, representan esta grotesca acción transpositiva aplicada sin escrúpulos ni contención.

4.Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier hecho insignificante, por pequeño que sea, en amenaza grave. Así se desfiguró el rol de los organismos de seguridad en el progresivo y diferenciado uso de la fuerza que correspondió aplicar ante la brutal violencia política desatada en 2017 por la oposición, donde las verdaderas víctimas terminaron siendo presentadas como victimarios por los medios de la derecha. Un principio muy útil también al ex candidato, perdedor de las recientes presidenciales, Henry Falcón, quien vio el paroxismo de las «irregularidades» electorales en un montón de toldos rojos colocados a cuadras de los centros de votación y basó en ese exabrupto argumentativo su rechazo al proceso en el cual fue duramente derrotado.

5.Principio de la vulgarización. «Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar». De allí la relevancia que se da a los titulares de prensa en los medios corporativos (direccionando el mensaje al lector flojo que se queda allí y no abunda a la noticia) o en los escuetos mensajes pero bien calibrados que pueden vomitarse en 140 caracteres (ahora extendidos) de la red del «pajarito». Toda ausencia de profundidad argumentativa es útil a la causa cuando de construir opinión sesgada y masiva se trata; y en eso los medios de la derecha son especialistas consagrados.

6.Principio de orquestación. «La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas». De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad». Es quizás el principio más aplicado por la oposición venezolana y sus financistas. Términos como «dictadura», «narco régimen», «presos políticos», «crisis humanitaria», se van configurando en las categorías esenciales de la propaganda y pasan a ser parte esencial del manual de estilo que el palangrismo ordena utilizar a sus subalternos tras el teclado. Reitero la referencia a Irak, Siria, Libia, Cuba y un largo etcétera de antecedentes.

7.Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. Un principio clave éste, que obliga a las fuerzas revolucionarias a tomar la iniciativa y entender, como decimos coloquialmente, que «la música la pone el que la paga». La lentitud para avasallar la arremetida cotidiana de la corporación mediática pone en jaque el esfuerzo comunicacional del gobierno y las bases populares que lo apoyan. No ha bastado tener el control de los medios del Estado, afinar la aplicación de la ley RESORTE o expandirse al campo de las redes sociales (por mucho tiempo dejado en manos de la oposición). Toca profundizar no solo la calidad del mensaje sino el sentido de oportunidad y ganar para sí el factor sorpresa. Algo que Chávez sabía hacer muy bien, como el gran estratega comunicacional que fue, desmontando y previendo las argumentaciones falaces de la oposición interna y del imperio.

8.Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias. Otro aspecto en el cual las corporaciones de la des-información nos llevan una morena en su capacidad de «tejer» noticias a partir de retazos de hechos que, una vez difundidos y asimilados por la mass media, resulta inútil cuando menos tratar de desmontar extemporáneamente.

9.Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contra programando con la ayuda de medios de comunicación afines. Este es quizás uno de los principios más grotescamente aplicados por los medios privados venezolanos digitados por la oposición. El silencio sobre los avances en las políticas sociales del Gobierno Bolivariano, sobre las medidas para contrarrestar la guerra económica o la proyección de la lucha en el frente internacional para consolidar una alianza sur-sur ante el ataque de las potencias occidentales, por citar solo algunas áreas, contrastan con el mensaje de aislamiento, fracaso, crisis terminal que esos medios inoculan diariamente a la población.

10.Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. En el caso venezolano, el odio inter clases, engendrado desde tiempos de la colonia y que alimentaron la dinámica del país durante todo el siglo XX, sigue siendo en fondo natural al rechazo que las élites criollas (y la amalgama de arrimados clase media que los aúpan) generan contra los inmensos sectores populares que dan base dura a ese movimiento libertario llamado Chavismo.

11.Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa «como todo el mundo», creando impresión de unanimidad. Este es quizás el principio en el cual decanta la construcción discursiva opositora en toda oportunidad de confrontación con el chavismo, y es donde más rápidamente comen el polvo de la derrota. De allí que les resultara incomprensible, por ejemplo, que una convocatoria a asamblea constituyente en 2017, en medio del caos provocado por la violencia política que generaron y con la cual se auto convencían que el gobierno caería en cuestión de días, dio paso a una avalancha de más de ocho millones de votos con pueblo desbordando caminos, ríos y montañas para ir a votar contra ellos.

Algo similar a esos seis millones de hombres y mujeres que este domingo pasado reeligieron a Nicolás Maduro, en plena y brutal guerra económica inducida (suficiente en cualquier otro país para que no hubiera salido nadie a votar). La consigna en torno a que «las redes no son las calles» resume muy bien el derrocamiento de este principio goebbeliano en el caso venezolano.

En conclusión, el primer frente de batalla en esta guerra sin cuartel que vive Venezuela, por encima incluso de la realidad misma que marca la economía desbordada, sigue siendo el frente comunicacional, para desmontar la vorágine desinformativa, matricial y propagandística que carcome la psiquis del pueblo venezolano y desdibuja a nuestro país en el exterior.

Solo planificando con visión estratégica y táctica a la vez en esta área, podremos enfrentar exitosamente la avanzada del poder hegemónico contra el proyecto bolivariano. Solo diciendo nuestras verdades y no dejando atropellar la consciencia colectiva con la pos verdad que se concibe desde los centros de poder mediático extranjeros o nacionales, podremos dar luces al Pueblo para profundizar en la comprensión de lo que ocurre y sobre todo, de lo que viene. Solo abriendo brecha a la comunicación creativa, alternativa, con vocerías frescas y punzantes, superando el resabio de fórmulas en desuso que hacen muchas veces soporíferas las expresiones que nos corresponden desde esta acera, podremos quebrar el espinazo de la pos verdad impuesta por la derecha a través de sus conglomerados oligopólicos de comunicación.

Y en esto, insisto, volvamos al ejemplo comunicacional magistral, extraordinario y en clave popular que nos enseñó Hugo Chávez. Ello es vital para la ruta que ahora debe enfrentar la Revolución Bolivariana.

VENCEREMOS!!!

Por: Pablo Fernández Blanco