El ascenso de la izquierda colombiana en las elecciones presidenciales es resultado de un ambiente de calma labrado con el acuerdo de paz con la FARC, pero no tiene asegurado el triunfo en segunda vuelta si no logra alianzas sólidas con otros sectores, dijeron expertos y dirigentes políticos a Sputnik.

«La ausencia de la FARC (la desmovilizada guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y del conflicto en la escala que representaba permitieron, entre otros factores, el ascenso del izquierdista Gustavo Petro en las elecciones presidenciales, lo que, de haber estado las FARC activas, no habría sido posible», dijo el analista Juan Fernando Londoño.

En los comicios del 27 de mayo Petro obtuvo 4.851.254 votos (25,09%) y fue el segundo más votado, después del derechista Iván Duque, con 7.569.693 sufragios (39,15%).

Como ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos, deberán competir en segunda vuelta el 17 de junio.
La diferencia entre ambos, de 2,7 millones de votos, es pequeña si se tiene en cuenta que la cantidad de ciudadanos que no votaron por ninguno de los dos, sino por alguno de los otros cuatro candidatos, fue de 7,2 millones, el universo en el que ambos tratarán de pescar votantes, según los analistas.

«En Colombia siempre hubo más izquierda que votación por la izquierda, aunque eso quedó prácticamente revaluado ayer», dijo Londoño, director del Centro de Análisis y Asuntos Públicos.

La llegada de la izquierda a la segunda vuelta presidencial es histórica para un país cuyos gobiernos siempre han sido dominados por la derecha, más aún cuando el postulante es, como Petro, un exguerrillero del desmovilizado grupo M-19.

Petro dijo a sus seguidores que «el voto en realidad no se polarizó, se distribuyó en diferentes candidatos», algo que cambia en el escenario.

«Yo creo que, como en ninguna otra elección en el pasado, la izquierda tienen altas posibilidades de avanzar esta vez, tal y como lo hizo en las elecciones parlamentarias (del pasado 11 de marzo)», consideró, por su parte, el senador izquierdista Iván Cepeda.

Sin embargo, ello dependerá en buena medida de las alianzas que logre hacer con sectores que hasta ahora eran adversarios.

Ese es el caso del centroizquierdista Sergio Fajardo, que a poco estuvo de arrebatarle el segundo lugar a Petro al obtener 4.587.812 votos (23,73%).

Tras conocer su derrota, Fajardo dijo a sus electores que no apoyaría ni a Duque ni a Petro, pero el 28 de mayo dejó abierta una posibilidad.

«Tenemos que conversar, pero será fruto de lo que nosotros (la coalición de la que hace parte) digamos y hablemos; hace una semana dije que ni Petro ni Duque y eso le dije al país», señaló a la emisora local Blu Radio.

Duque y Petro también podrían contar ahora con el ex candidato oficialista, Germán Vargas Lleras, quien obtuvo 1.407.840 votos (7,27%) en las elecciones y quien señaló que en los próximos días tomará «una decisión de cara a la segunda vuelta».

Las elecciones también dejaron ver que los colombianos respaldan más a nuevos partidos que a colectividades tradicionales, como el Partido Liberal y el Partido Conservador que, en la práctica, fueron los grandes perdedores de los comicios.

El candidato liberal y exjefe negociador de paz con las FARC, Humberto de la Calle, apenas obtuvo 399.180 votos (2%).

Así, el Partido Liberal obtuvo su más precario respaldo en las urnas en sus 170 años de historia, mientras que el Conservador no tuvo siquiera candidato y sus congresistas se debaten entre apoyar a uno u otro candidato.

Así, ni la izquierda ni la derecha marcarían diferencias entre sí al aliarse con el liberalismo ni el conservatismo para la segunda vuelta.

«Colombia renunció a la medianía de candidatos alternativos muy fuertes, como Fajardo y De la Calle, y decidió avocarse por los extremos de la derecha y de la izquierda, lo cual solo polarizará más al país», dijo por su parte el analista Alonso Ojeda.

Los resultados no permiten que ninguno de los dos finalistas pueda cantar victoria anticipada, por lo que se prevé que los 21 días que restan de campaña sean aún más intensos que los ya vividos para la primera vuelta.