Pasadas cuatro décadas de la Guerra de Vietnam, aún hay centenares de ciudadanos en ese país que sufren los efectos del uso del llamado agente naranja, el defoliante que el Gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) empleó de manera deliberada, con el que se suponía que iban a deforestar la selva, pero atacó a comunidades civiles enteras.

Entre los efectos, aún visibles 40 años después, están deformaciones severas, daños cerebrales y físicos, defectos congénitos, multitud de tipos de cánceres diferentes. La mayoría de las víctimas son veteranos de guerra y sus descendientes.

Se calcula que Washington lanzó casi 20 millones de galones de este agente en las selvas vietnamitas para exponer a las tropas comunistas del norte. Este agente es de gran toxicidad por su alto contenido de dioxina y arrasó millones de hectáreas, tanto de bosques como de cultivos, alcanzando a 30 mil núcleos habitados.

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