El Gobierno de México perdió de vista el factor geopolítico en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Estados Unidos, una situación que podría traducirse en una ‘escalada de aranceles’ entre ambos países, en el contexto de una ‘guerra comercial’ de alcance global, en el que EE.UU. busca recuperar su poderío como potencia comercial frente a países como China, aun a costa de instituciones internacionales como la Organización Mundial de Comercio.

Pero aunque los efectos de un aumento de aranceles podrían traer fuertes consecuencias para la industria automotriz en México y otros sectores, los impactos en el total de la economía mexicana podrían no ser tan graves, lo cual ayudaría a repensar el actual modelo de desarrollo, impulsando una mayor intervención del Estado mexicano en asuntos económicos.

«En México todavía se piensa que es una negociación comercial, lo cual no es cierto», señala José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico»

«EE.UU. lo que busca es reconfigurar el mecanismo de integración económica, no solo en América del Norte sino a nivel global, lo cual tiene elementos migratorios, de seguridad nacional y sobre todo, reposicionar a EE.UU. como el poder hegemónico número uno»

«Me parece que la política exterior mexicana perdió de vista el eje geopolítico, y con ello, geoeconómico. Esto versa no solo en la parte comercial, sino tecnológica»

En este sentido, considera que las medidas adoptadas por el Gobierno de México, como presentar una queja y responder con «aranceles espejo» fue lo correcto, aun cuando la disposición del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a la hora de negociar con su homólogo estadounidense, Donald Trump, han ido «más allá de la prudencia«.

«Evidentemente esto deja la puerta abierta a una posible escalada de aranceles que afortunadamente Trump no ha desatado«, afirma el experto en economía industrial, quien asegura que esta situación también «abre la posibilidad a una guerra comercial más fuerte» entre México y EE.UU.

«México no puede depender de las decisiones de un hombre o de otro país. Eso es un mensaje central y no nos puede volver a pasar, lo cual implica fortalecer el mercado interno y hacer alianzas en el exterior», asegura De la Cruz.

Un tema sensible, considerando que las exportaciones de México a EE.UU. equivalen a casi 50% de la economía mexicana.

Pero aunque algunos analistas consideran que México hizo lo correcto al presentar una denuncia contra EE.UU. ante la Organización Mundial de Comercio por imponer aranceles al acero y aluminio mexicano. Se considera  que es muy probable que el país gobernado por Donald Trump decida no acatar una resolución del organismo internacional.

na situación que atenta contra una política comercial multilateral, con el objetivo de que EE.UU. pueda ejercer su fuerza sin restricciones a la hora de negociar acuerdos comerciales de manera bilateral, lo cual debilitaría a la OMC.

«Me temo que toda esta estrategia tiende no solamente a corregir su balanza comercial, sino a debilitar a instituciones globales como la OMC, que pudieran eventualmente, limitarlo», señala Enrique Díaz-Infante Chapa, investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, en entrevista telefónica.

«Esta denuncia de México ante la OMC, aunque vayan a resolver favorablemente a los intereses de México, y haya quedado firme esta resolución, muy probablemente EE.UU. la va a ignorar.Y eso debilita a la OMC«, señala.

Una opinión con la que coincide De la Cruz, quien afirma que, por esa razón, a EE.UU. «le estorba el multilateralismo y prefiere acuerdos bilaterales, porque puede ejercer más presión, por la asimetría en las relaciones, lo cual le favorece».

Por su parte, Díaz-Infante añade que México todavía tiene algunas cartas para presionar a EE.UU. ante una escalada de aranceles, tal como ocurre con temas como el sector automotriz y la importación de granos.

«Somos grandes importadores de maíz. El que nosotros pudiéramos comprarlo a Argentina o a otro país afectaría fuertemente a las bases electorales de Trump», sostiene Díaz-Infante.

En días recientes, el Consejo Coordinador Empresarial, la cámara empresarial más importante de México, está delineando una estrategia que consiste en imponer aranceles en el sector agropecuario, que busca afectar a estados que sean gobernados por el Partido Republicano, con el fin de presionar a Trump de cara a las elecciones para renovar el Congreso estadounidense en noviembre próximo.

Aunque la escalada de aranceles tendría un impacto relativamente bajo en el total de la economía, sí podría afectar de manera significativa a sectores muy específicos de la economía mexicana, de acuerdo con Enrique Dussel Peters, académico de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

«Las exportaciones mexicanas a EE.UU. en 2016 pagaron 0,11% de aranceles y, de desaparecer el TLCAN, aumentarían a 3,25%», que sigue siendo un arancel bajo, señala el experto.

«Hay un grupo de fracciones que sí se verán afectadas, tales como azúcar y productos que van a pagar 60% o 70% de arancel, y productos de autopartes automotrices, importaciones de EE.UU. que de 0% pasarán a pagar 25% de arancel. Esas sí se verán afectadas significativamente«, explica Dussel Peters.

«Es por ello que buena parte de la renegociación del TLCAN se ha concentrado en la cadena autopartes-automotriz: además de su poder económico en general y su capacidad de captar a los consultores ya señalados, es este grupo de relativamente reducidas empresas el que pagará la mayor parte del costo arancelario de la cancelación del TLCAN (o el 76% del aumento arancelario de las exportaciones mexicanas a EE.UU.)», sostiene Dussel Peters en un artículo de 2018 titulado ‘La renegociación del TLCAN. Efectos arancelarios y el caso de la cadena del calzado‘.

Según dicho estudio, en México se verían afectadas, particularmente, las industrias de calzado de cuero y de materia textil, ante un aumento de aranceles.

Sin embargo, los efectos del aumento de aranceles serían variables y, por lo tanto, es posible que para el conjunto de la economía mexicana no sean tan desastrosos como se suele pensar.

«Si bien mantener el TLCAN pareciera ser de interés de sus tres miembros, los efectos de su cancelación no serían tan significativos para la economía en su conjunto, en términos arancelarios», agrega el académico en su artículo.

En este sentido, considera que la labor del equipo negociador de México ha estado demasiado centrada en la industria automotriz y ha descuidado otras cadenas productivas que también son importantes para la economía mexicana.

Mientras algunos analistas dan prácticamente por muerto al TLCAN, Dussel Peters cree que el acuerdo comercial se mantendrá vigente en términos formales e inoperante en la práctica, debido al costo político que traería para Trump cancelar el acuerdo comercial.

«Un escenario posible es uno donde la negociación fracasó y el TLCAN sigue vigente. Es decir, el costo político de cancelar el TLCAN para la propia presidencia de Trump va a ser muy alto«.

Pero otros actores involucrados en las negociaciones parecen no tener la misma opinión.

Ante la imposición de aranceles por parte de EE.UU., un asesor del Gobierno mexicano en las negociaciones del TLCAN por parte del sector privado considera que dicha medida podría significar el abandono del Gobierno de Trump al acuerdo comercial.

«Creemos que en el momento en el que se dispara el tema de aranceles crece un poco el riesgo de poder recaer en ese escenario», dijo Moisés Kalach, coordinador del Consejo Consultivo de Negociaciones Estratégicas del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

«Estamos duplicando esfuerzos para asegurar que todos los actores de los sectores público y privado en Washington tengan muy claro que nosotros seguimos en la mesa, que seguimos negociando de forma responsable», explicó Kalach, quien ha dado seguimiento puntual a las negociaciones.

Una guerra comercial que todavía tiene muchas batallas por delante.

 

 

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