La reconstrucción demora más de lo previsto y la seguridad sigue siendo precaria en Mosul, la ex «capital» del Estado Islámico (EI), que este martes celebra el primer aniversario de la liberación del yugo yihadista.

En esta ciudad devastada por más de ocho meses de intensos combates con los yihadistas, el primer ministro Haider al Abadi felicitó el 10 de julio de 2017 a las Fuerzas Armadas por su «victoria», afirmando que las prioridades de su gobierno serían la estabilidad y la reconstrucción. Los habitantes recibieron entonces con alivio la noticia de la liberación de su ciudad, en donde el EI instauró un régimen de terror durante tres años.

«¿Fuimos liberados pero a qué llegamos? Nuestras casas están destruidas», dice Um Mohamed, madre de siete hijos, cuya vivienda del oeste de la ciudad está en ruinas. Esta mujer vivía cerca de la célebre mezquita Al Nuri, en la Ciudad vieja, de la que sólo queda el domo. La mezquita fue dinamitada en junio de 2014 por los yihadistas.

Además de estos dos monumentos emblemáticos de la ciudad, escuelas, viviendas y otros edificios fueron destruidos. Los ocho meses de conflicto obligaron a casi un millón de personas a dejar la ciudad. La vida regresó casi a la normalidad en los sectores del este, en donde los combates fueron más limitados. En el oeste, los trabajos de limpieza de escombros recién comienzan.

«Más de 380.000 habitantes siguen desplazados dentro y alrededor de Mosul, la ciudad tiene ocho millones de toneladas de escombros», indicó esta semana en un comunicado el Consejo noruego para los refugiados.

La municipalidad necesita 874 millones de dólares para reparar las infraestructuras de base, según esta misma fuente. Un año después de la liberación no se organizó ninguna conmemoración. «Las enormes destrucciones vaciaron el sentido de nuestra alegría», dijo Abu Ghsun, un desempleado de 44 años que vive en el este tras perder su casa en el oeste.

Ghadir Ibrahum Fatah está decepcionado. «Esperábamos una reconstrucción inmediata, pero no sucedió nada», lamentó.

Las autoridades locales critican al gobierno por la lentitud de la reconstrucción. «El gobierno central desatiende la provincia», dice Ghanim Hamid, miembro del Consejo provincial de Nínive, de la que Mosul es la capital.

Lamenta asimismo que dos conferencias de donantes, en Paris en 2014 y en Kuwait en 2018, sólo fueran «palabras sobre papel» mojado.

Las familias que buscan a allegados desaparecidos también están abatidas.

«El gobierno no nos dice nada», afirma Um Qussai, de 40 años, que vive en la parte este.

Cada viernes Um Qussai y otras mujeres que quieren saber qué pasó con sus familiares se reúnen en una plaza. Vestidas de negro, acompañadas por sus hijos y algunos hombres, muestran las fotos de los «desaparecidos».

También hay inquietud por el posible deterioro de la seguridad en la provincia de Nínive. Las autoridades aseguraron en agosto haber retomado el control. En diciembre, Abadi había anunciado el «fin de la guerra» contra el EI, pero subsisten focos yihadistas en la regiones desérticas cerca de la frontera con Siria y los yihadistas siguen reivindicando atentados.

Las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad lanzaron el miércoles pasado una amplia operación para eliminar células del EI en el centro del país tras descubrir la semana pasada los cuerpos de ocho iraquíes secuestrados por el grupo yihadista.

Según el politólogo Amer Bak, el EI «podría regresar con un nombre diferente» a pesar de la presencia de una multitud de fuerzas en Nínive.

 

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