Washington impuso sanciones contra el ministro de Justicia de Turquía Abdulhamit Gul y el ministro del Interior Suleyman Soylu por participar en la detención del pastor estadounidense Andrew Brunson, sospechoso de estar relacionado con el movimiento Gulen, considerado por Ankara como un grupo terrorista.

Estados Unidos está considerando la posibilidad de implementar más «medidas punitivas», como sanciones más fuertes, contra Turquía después de que las recientes conversaciones sobre la liberación del pastor estadounidense Andrew Brunson supuestamente fracasaron, informó el Wall Street Journal, citando una fuente anónima.

Por otro lado, Bloomberg informó, citando a un funcionario estadounidense anónimo, que durante las conversaciones entre el viceministro de Asuntos Exteriores turco y su homólogo estadounidense las partes no lograron llegar a un acuerdo sobre el destino del pastor estadounidense. El Departamento de Estado de EE. UU. Aún no ha comentado las reclamaciones, señalando solo que los participantes en las conversaciones habían discutido el tema, junto con las relaciones bilaterales en general.

Los medios también informaron que funcionarios turcos plantearon la cuestión del vicepresidente ejecutivo de Halkbank Mehmet Hakan Atilla, a quien el tribunal de Nueva York le impuso una sentencia de 32 meses de prisión por intentar ayudar a Irán a evitar las sanciones de Estados Unidos. Según la fuente, Washington se negó a discutir el asunto hasta que se libere a Brunson.

Estados Unidos impuso sanciones contra el ministro de Justicia de Turquía Abdulhamit Gul y el ministro del Interior Suleyman Soylu por presuntos abusos contra los derechos humanos y el arresto del pastor Andrew Brunson. Washington cree que fue encarcelado ilegalmente. Ankara reprendió las sanciones de Estados Unidos y prometió congelar los activos de los Secretarios de Justicia e Interior de Estados Unidos en Turquía.

El pastor fue liberado de una prisión turca la semana pasada y puesto bajo arresto domiciliario.

Turquía encarceló a Brunson hace unos dos años por sus presuntos vínculos con el movimiento fundado por el clérigo islámico Fethullah Gulen, que Ankara considera una organización terrorista. Turquía acusó a Gulen y su movimiento de orquestar el golpe militar fallido de 2016.

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