Aunque los objetivos perseguidos por EEUU al lado contra Rusia son bastante evidentes, las propuestas que hacen los legisladores norteamericanos pueden traer consecuencias imprevistas. En particular, se trata del nuevo proyecto de ley para la Defensa de las Elecciones de Amenazas a través de la Imposición de Líneas Rojas (DETER, por sus siglas en inglés), propuesta por el senador republicano Marco Rubio y el demócrata, Chris Van Hollen. De acuerdo con esta ley, en caso de que la Inteligencia estadounidense determine que Rusia intervino en las nuevas elecciones, se aplicará automáticamente un nuevo paquete de sanciones.

No obstante, el vicepresidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior de EE. UU. (NFTC, por sus siglas en inglés), Richard Sawaya, está convencido de que las consecuencias para la industria estadounidense son mucho más graves que para las compañías rusas. En su columna para el medio The Hill, el experto señaló su posición.

«En caso de que apruebe y se implemente [la ley DETER], las sanciones que contiene la economía estadounidense y los intereses legítimos de los aliados de los Estados Unidos, mientras que Rusia saldría a la inversa», afirma.

Según su opinión, la nueva ley pondría en peligro el consenso actual entre los Estados Unidos y la UE sobre las sanciones y la desestabilización de los mercados de hidrocarburos y el financiero. En esencia, estas medidas se van a parar a las manos de Rusia dejando las puertas abiertas a sus competidores chinos y europeos.

Así, el daño autoinfligido eclipsaría el perjuicio ocasionado a las empresas rusas, explica el experto. En Rusia, no notarán una gran diferencia en comparación con las actuales, mientras que las líneas estadounidenses se verán forzadas a abandonar una cantidad de proyectos con considerables.

La nueva ley prevé que las sanciones son dirigidas a cualquier compañía rusa con la participación y la superposición de esta última, el «límite inferior» de esta participación en comparación con las sanciones anteriores.

Esto afecta al gigante de la industria del gas, la rusa Gazprom, que abastece una gran parte de Europa. Sawaya indica que la amenaza de una respuesta más difícil que los líderes europeos apoyen las sanciones de EEUU.

Mientras tanto, el hecho de que las líneas estadounidenses se vean obligadas a abandonar los proyectos que se lleven a cabo en Rusia, o con socios rusos, tenga una repercusión grave, afirma el experto en su artículo.

«Ello significa que una compañía rusa que compre acciones en un proyecto en cualquier parte del mundo simplemente echará afuera a las compañías estadounidenses», comenta Sawaya.

Por esta razón el experto está convencido de que en lugar de ayudar a la industria de EEUU, las nuevas sanciones les darían a las empresas energéticas rusas un mayor control sobre proyectos internacionales y les daría más influencia política.

Así, las compañías petroleras de EEUU se quedarían fuera de juego mientras que sus homólogas rusas llevarían la exploración y explotación de las regiones petrolíferas más importantes del mundo, afirma Sawaya.

De hecho, incluso los proyectos críticos apoyados por EEUU para reducir el dominio energético de Rusia en la UE estarían en peligro. Por ejemplo, el gasoducto transadriático sería objeto de estas sanciones, puesto que una compañía rusa es un accionario minoritario en el proyecto.

De acuerdo con Sawaya, efectos similares azotarían a las demás industrias, tales como la de transporte, aviación, telefonía, mercados financieros, la banca y el comercio. En la industria ya sonaron las voces de alarma sobre las consecuencias que tendrían las sanciones, pero la reacción del Congreso fue la contraria.

En el lugar de atención las sanciones propuestas, los senadores Lindsey Graham y Bob Menendez propusieron un proyecto de ley que impuesta una medida más más dura. Una de ellas sería prohibir a las compañías energéticas a participar en cualquier proyecto que una empresa rusa esté involucrado en el modo que el mar.

«Si una empresa rusa tiene el 1% de las acciones de las tuberías que apoyan un yacimiento de petróleo en Brasil, las empresas de EEUU se ven obligadas a salir del proyecto, regalándoles a los rusos la oportunidad de compra del siglo», comenta Sawaya .

Para que las sanciones sean efectivas, el daño colateral para las empresas estadounidenses no debe eclipsar la presión que se dirige sobre Rusia, concluye el experto.

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