Una vez más, el oro ha demostrado ser el refugio seguro más confiable a medida que más y más ciudadanos en países afectados por las sanciones de los Estados Unidos acaparan el metal en un esfuerzo por proteger sus ahorros del colapso de las monedas nacionales.

La creciente demanda de oro en Irán y Venezuela ha llevado los precios del metal precioso a niveles sin precedentes, mientras que las monedas locales se deprecian a diario.

A fines de julio, los precios del oro en el pujante estado latinoamericano experimentaron un aumento de 3.1 millones por ciento en comparación con comienzos de año, con una onza del metal amarillo que subió a 211 millones de bolívares ($ 1019,45). Venezuela está actualmente luchando contra la peor crisis económica de todos los tiempos, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) esperando que la inflación alcance un colosal millón por ciento para fines de 2018. La desorbitada inflación que inevitablemente está arrastrando el bolívar venezolano está forzando a la gente a comprar oro para evitar que sus ahorros desaparezcan.

Actualmente, Venezuela es objeto de varias sanciones impuestas por la Casa Blanca por presuntas violaciones de los derechos humanos y de socavar la democracia. Los estadounidenses tienen prohibido invertir en bonos venezolanos recién emitidos y en las corporaciones estatales del país. Caracas considera que esta «guerra económica» es una de las razones clave de una crisis de larga data en el país.

Al mismo tiempo, la última decisión de Estados Unidos de imponer parcialmente sanciones a Irán ha impulsado la demanda de oro en ese país, ya que sus ciudadanos buscan proteger su riqueza contra la devaluación de la moneda nacional.

A principios de este mes, la tasa no oficial del rial iraní se desplomó a un mínimo histórico de 112,000 contra el dólar. En menos de un año, el valor del rial se ha reducido casi a la mitad. Si bien la tasa oficial es de alrededor de 42,000 riales, es muy difícil comprar un dólar a ese ritmo.

En el mismo período, los precios del oro en la República Islámica se dispararon en medio de una demanda creciente, con el precio de una moneda de 8,13 gramos pasando de $ 346 en enero a $ 379 en la actualidad, lo que fija un aumento del 9,5 por ciento.

A principios de esta semana, las autoridades iraníes anunciaron un relajamiento de las reglas cambiarias, lo que permite a las casas de cambio comprar y vender monedas fuertes para fines tales como el comercio exterior. El Banco Central de la República Islámica otorgó a los importadores de productos no esenciales acceso a la moneda dura aportada por los exportadores con los tipos de cambio fijados por el mercado abierto. La afluencia de dinero, según se informa, no será limitada ni gravada.

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