Todos los que conocen, aunque sea un poco el llamado ‘caso Skripal’ entienden lo absurdo de la declaración incluida en el documento oficial del Departamento de Estado, que dice que EE.UU. ha constatado que Rusia es culpable en el incidente de Salisbury (sur de Inglaterra), ha dicho este domingo Lavrov en Aktau (Kazajistán).

El ministro reaccionaba así desde la V Cumbre del Caspio al argumento de Washington para justificar los embargos anunciados el miércoles por la portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Heather Nauert, en relación con la exposición en marzo en el Reino Unido a una sustancia tóxica del exagente doble Serguéi Skripal y su hija Yulia.

Lavrov ha rechazado también el ultimátum lanzado por Washington, al dar a Moscú tres meses para permitir a los expertos de las Naciones Unidas realizar inspecciones en territorio ruso y dar garantías de que no “volverá a emplear” armas químicas, dando por hecho que el Kremlin es responsable del ataque a los Skripal.

Rusia, ha recalcado sin embargo el canciller, recibió hace ya tres años la confirmación, dentro del marco de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) y “basándose en todas las inspecciones concebibles”, de que había completado ya el desmantelamiento de su arsenal de esa clase.

Esa certificación se obtuvo al término de un proceso durante el cual Moscú no cerró sus instalaciones a los inspectores acreditados, que “visitaron todo lo que quisieron visitar”, hasta llegar a la conclusión de que el desarme químico ruso era completo, ha insistido Lavrov.

Estados Unidos, además, hubiera debido según sus propios compromisos completar el mismo proceso “dentro de los mismos plazos aproximados” en que lo hizo Rusia, pero pidió una prórroga. “Por lo tanto, deberíamos estar hablando más bien de los problemas de EE.UU. con su desarme químico”, ha dicho Lavrov a modo de conclusión, reiterando reproches anteriores a Washington.

El jefe de la Diplomacia rusa había transmitido ya el viernes su “rechazo categórico” a los nuevos embargos a su homólogo estadounidense, Michael ‘Mike’ Pompeo, tras denunciarlos el mismo día el primer ministro ruso Dmitri Medvedev, como una “declaración de guerra económica”. Este mismo domingo, el Kremlin ha anunciado en represalia una reducción de sus inversiones en valores estadounidenses.

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