Exoesqueleto ruso destinado a la tercera generación del traje de combate de la infantería rusa Ratnik 3 ya pasó los primeros ensayos, comentó a los periodistas el jefe de diseño del sistema de soporte vital del uniforme, Oleg Fáustov.

«Ya ensayamos el exoesqueleto activo y, efectivamente, aumenta las capacidades físicas del operador. El piloto de prueba logró disparar una ametralladora usando solo una mano, y alcanzó una alta precisión», afirmó el ingeniero.

El especialista reiteró que hoy en día el mayor obstáculo para el uso masivo de los exoesqueletos activos es la falta de baterías con las características necesarias de potencia y autonomía. No obstante, hay varios proyectos dedicados a mejorarlas.

Tal y como ha descrito Fáustov, es posible ver una combinación del exoesqueleto con otro dispositivo innovador ruso, en desarrollo desde el 2015: la cinta de ametralladora flexible Skorpion.

Tanto disparar la ametralladora como llevar los cartuchos requiere un esfuerzo físico considerable. El exoesqueleto permitirá conferirle a un soldado una potencia de fuego superior a sus rivales menos ‘tecnológicos’. El auge de los dispositivos portátiles capaces de aumentar la fuerza del usuario tiene el potencial de revolucionar la guerra.

Los ‘supersoldados’ dotados con exoesqueletos modernos serán capaces de portar no solo armamento más pesado, sino también chalecos antibalas más densos (y pesados), ampliando la grieta tecnológica frente a la infantería convencional.

Por eso los proyectos de este tipo están en marcha en varios países, de EEUU y Rusia a Francia y China. También los países que ya han avanzado en el ámbito de los exoesqueletos industriales o médicos, como Corea del Sur o Japón, son capaces hipotéticamente de adaptarlos para fines militares.

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