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Al término de la Segunda Guerra Mundial, el hombre fue consciente de su gran poder destructivo. Las imágenes de los bombardeos en Hiroshima y Nagasaki dejaron constancia del enorme desarrollo armamentístico de la humanidad. Quedó claro que era tiempo de poner fin al conflicto, pues de seguir adelante sería un camino seguro hacia la extinción.

No hace falta ser un experto en geopolítica, ni en industria armamentística, para suponer que los países más poderosos del mundo continúan con el desarrollo de poderosos artefactos para atacar y defenderse en caso de estallar la temida Tercera Guerra Mundial.

Aunque la mayoría de los especialistas anticipa que este conflicto armado estaría dominado por las armas nucleares, otro importante grupo advierte sobre el riesgo de que se usen armas bacteriológicas, patógenos capaces de acabar con poblaciones enteras de una forma más lenta pero mucho más cruel.

Este miércoles, un avión fue puesto en cuarentena en Nueva York por los súbitos síntomas que presentaron al menos cien pasajeros procedentes de Dubái. Las alertas se dispararon en todo el país ante la posibilidad de que se tratara de un ataque bacteriológico.

Este caso demostró la vulnerabilidad del mundo ante una posible guerra biológica. De acuerdo con algunas publicaciones que abordan temas apocalípticos, antes del estallido de una Tercera Guerra Mundial, comenzaría a haber ataques de estas características entre los diferentes bandos.

Una guerra biológica es una forma singular de combate donde las principales armas son virus o bacterias con altas tasas de letalidad. Debido a su rápida propagación, la respuesta de las organizaciones sanitarias suele ser insuficiente.

Las seis armas biológicas que podrían acabar con el mundo

Anthrax

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También conocida como Carbunco es causada por una bacteria llamada Bacillus anthracis, la cual puede estar presente en el suelo o animales. La infección se produce al ingerir esporas en alguna zona contaminada.

Es una de las armas biológicas más utilizadas debido a que se encuentra con facilidad en la naturaleza, sumado a que puede ser liberada a través de la comida, agua o sprays sin llamar demasiado la atención. Aunque su efecto es relativamente rápido, existen pocas probabilidades de contagio por contacto entre personas.

Peste neumónica

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Es ocasionada por la inhalación de la bacteria Yersinia pestis, que actúa de forma agresiva una vez que llega a los pulmones. Entre los principales síntomas están fiebre, debilidad, dolor de cabeza, neumonía y fallo pulmonar. Suelen aparecer entre uno y seis días después de haberse contagiado.

En caso de no suministrarse los medicamentos adecuados, las personas podrían morir en cuestión de horas. Es un arma silenciosa que se produce en laboratorio y con una elevada tasa de contagio. Al no presentarse los síntomas de forma inmediata, aumenta el riesgo de dispersión entre la población.

Botulismo

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Un ataque con la bacteria Clostridium Botulinum desataría una epidemia de botulismo, enfermedad que paraliza los músculos y que conduce a la muerte por fallo respiratorio en la mayoría de las ocasiones.

La gran peligrosidad de esta bacteria es que también puede esparcirse de forma silenciosa a través del agua, comida o el aire.

Viruela

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Esta enfermedad está erradicada desde 1980 gracias a la extensa campaña de vacunación a nivel mundial, sin embargo, hay reservas del microorganismo para las investigaciones en algunos laboratorios. Esto aumentó el temor de que grupos terroristas posean muestras para utilizarlo en futuros ataques.

La variante de la enfermedad más grave tiene una letalidad de 30 por ciento, mientras que la menos severa ronda apenas en uno por ciento. Se caracteriza por síntomas como fiebre, dolor, vómitos, sarpullidos y, en ocasiones, pérdida de visión.

Ébola

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El virus del ébola cobró notoriedad en los últimos años tras las recientes epidemias en África. No tiene ninguna cura y tampoco se conoce la fuente del microorganismo. Su principal vía de contagio es el contacto directo.

El virus se replica por todo el organismo infectado y destruye los capilares, produciendo una coaguilación intravascular diseminada. En un lapso de apenas una semana, 90 por ciento de los infectados podrían encontrar la muerte.

Tularemia

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Se trata de una enfermedad altamente contagiosa provocada por la bacteria Francisella tularensis, capaz de provocar severas neumonías en los infectados. Se encuentra en la naturaleza y, en caso de estallar una guerra biológica, podría ser usada en forma de aerosol para su esparcimiento por los sistemas de ventilación de lugares públicos o centros aeroportuarios.

 

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