En ningún momento he sentido la amenaza de ser víctima de carteristas. A diferencia de Atenas o París», comparte el belga Jorgo con Sputnik su experiencia de visitar Siria como turista.

«Mucha gente piensa que Siria está completamente envuelta en la guerra. En realidad, en las áreas que están bajo el control del Gobierno, la situación es bastante tranquila. En el Líbano hablé con sirios y libaneses y me dijeron que se podía ir a Damasco tranquilamente», dice Jorgo en una entrevista a la agencia.

Este viajero infatigable se siente atraído por lugares inusuales, incluso si se consideran peligrosos, como Chernóbil, Pyongyang y Siria.

Tenía previsto ir a Siria todavía en febrero, pero no pudo obtener los documentos necesarios. Más tarde encontró una agencia de viajes que le ayudó a organizar un viaje a este país árabe a través de Beirut.

«No sabía qué esperar, así que antes de viajar tenía sentimientos encontrados. Pero el miedo se me pasó cuando llegué a Damasco», confiesa Jorgo.

En la agencia de viajes le preguntaron qué le gustaría hacer en Siria y le elaboraron una ruta de la cual era imposible alejarse ni visitar lugares que no entraban en ella. Se permite visitar solo las zonas controladas por el Gobierno. «Si quisiera ir a Alepo, podría hacerlo, pero decidí quedarme solo una semana», explica el belga.

Aunque el país lleva varios años en guerra, Jorgo afirma que se sintió seguro allí.

«Es un país donde no hay turismo ni hay estafadores. Por lo tanto, puedes dejar de pensar en esto a diferencia de los viajes a las ciudades turísticas europeas. En ningún momento he sentido la amenaza de ser víctima de carteristas. A diferencia de Atenas o París», explica el viajero.

En Damasco, la situación es totalmente normal, según Jorgo. En la ciudad no ves la destrucción, y las personas siguen su vida cotidiana, lo que hace que uno se olvide de la guerra.

Damasco es una bella ciudad de Oriente Medio con su historia, cultura y sus bazares tradicionales, cuenta Jorgo. «Como en cualquier país cálido, la ciudad cobra vida con la llegada de la noche». «Cuando caminaba por la noche en Damasco, me sentía más seguro que en la mayoría de las ciudades europeas», escribe en su blog.

«Incluso fuera de Damasco, nunca me sentí en peligro. Se tarda mucho en pasar por los puestos de control, pero todo está bajo control del Ejército sirio. No puedes ir donde pueda ser peligroso. Al mismo tiempo, la devastación que se ve en las afueras de Damasco impacta», señala Jorgo.

Lo que más le sorprendió al viajero fue la hospitalidad del pueblo sirio. En un puesto de control, dos soldados lo saludaron: «Bienvenido a Siria, esperamos que te guste el té». La gente local fue muy amable y le recibió de manera muy cálida al belga. «Los sirios son gente increíble, siempre te invitan a tomar un té y su cocina es excelente», dice.

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