El tsunami que azotó la isla de Sulawesi en Indonesia y que mató al menos a 1.400 personas no será el último. Los humanos continuarán viviendo en zonas costeras aunque se encuentren sobre fallas activas, seguirá habiendo tsunamis y las personas continuarán muriendo.

Eso no significa que debamos quedarnos cruzados de brazos. Existen mecanismos con los que podemos protegernos de estos temibles desastres naturales. Aquí van unos cuantos, desde aquellos que ya son una realidad hasta ideas que todavía son de ciencia ficción.

Construir un muro

Los tsunamis –olas masivas que se propagan horizontalmente a través del océano– los provoca cualquier cosa que pueda desplazar un gran volumen de agua, desde ciertos terremotos y erupciones volcánicas hasta deslizamientos de tierra. Los muros marinos o rompeolas, que existen desde la época del antiguo Imperio Romano, son una opción bastante simple para proteger a los residentes costeros de su poder destructivo.

Durante algún tiempo la costa este de Japón, muy propensa a los tsunamis, estaba repleta de pequeños rompeolas –barreras diseñadas para proteger las costas de las olas fuertes– y de muros. Desafortunadamente, estas defensas demostraron ser ineficaces durante el tsunami de Tōhoku de 2011, en el que murieron alrededor de 18.000 personas. Desde entonces, muchos han sido reemplazados por una serie de muros de cemento que llegan a tener 395 kilómetros de largo y 12.5 metros de alto, con un coste de casi $13.000 millones.

El tsunami de 2011, que alcanzó alturas de 39 metros en algunas zonas, aún podría atravesar fácilmente este nuevo muro. Pero al detener parte de la energía del tsunami, el muro ofrece cierto grado de protección.

Básicamente, cualquier barrera física puede ser superada, lo que supone un riesgo para las zonas costeras. Como explica Katsu Goda, profesor asociado y catedrático de la Western University de Canadá, “si los residentes se encuentran a una altura por debajo de las olas del tsunami, sus vidas correrán un peligro significativo”.

Acabar con el tsunami en el mar

Tad Murty, profesor adjunto de la Universidad de Ottawa y vicepresidente de la International Tsunami Society, también hizo hincapié en que los muros solo ofrecen protección parcial. Una nueva idea que sí podría ofrecer una mejor protección, está tomando forma.

“Tienes que acabar con el tsunami cuando todavía está en el océano”, dijo

Los tsunamis se mueven horizontalmente hacia la orilla como si se tratase de un muelle que lanzas por una escalera. Si ese muelle lo cortas en pedazos a medida que se mueve, se debilitará y se detendrá antes de llegar al final. Esto es algo que se puede lograr con unas cuantas islas bien ubicadas.

Un ejemplo de cómo puede funcionar, es el tsunami de 2004 que tuvo lugar en el Océano Índico. Aunque murieron cientos de miles de personas en una amplia región, sorprendentemente pocas de esas muertes ocurrieron en Kanyakumari una región al sur de la India. Allí, varias islas y arrecifes de coral, incluido el estrecho de Rama Setu, bloquearon el oleaje. “Rompieron el tsunami en pedazos”, dijo Murty.

Cómo China ha demostrado en los últimos años, construir islas artificiales no es algo difícil si dispones de los recursos necesarios. Cada zona costera es diferente, y harían falta muchos experimentos y simulaciones por ordenador para determinar dónde deberían ser colocadas las islas para interrumpir un tsunami. Pero en teoría es algo que podría funcionar, aunque la idea aún no se ha puesto en práctica.

Murty añade que incluso se habla de usar los desechos plásticos que hay en los océanos para construir estas islas artificiales, matando así dos pájaros de un tiro.

Un cañón gigante

Las islas artificiales pueden no ser la única forma que tendremos para acabar con un tsunami en el futuro. Un artículo escrito en Heliyon en 2017 por Usama Kadri, un profesor de matemáticas aplicadas en la Universidad de Cardiff, sugirió que unos cañones anti-tsunamis podrían ser una alternativa real algún día.

La clave son ondas de gravedad acústica. Estas ondas de sonido de ultra baja frecuencia se generan de forma natural en eventos como los terremotos, y se cree que pueden actuar como señales de alerta temprana para los tsunamis.

Los cálculos de Kadri sugieren que podríamos usar estas ondas de gravedad acústica para alterar los tsunamis. Al disparar fuertes ondas de gravedad acústica a una ola, podríamos cambiar su forma, expandiendo su energía total a un área más grande y reduciendo su impacto en la costa. En teoría, estos cañones podrían seguir disparando hasta que el tsunami se deshaga por completo.

Semejante tecnología no es posible todavía. Se necesitaría una enorme cantidad de energía para generar las ondas de gravedad acústica necesarias, y esas ondas tendrían que ser emitidas con mucha precisión en solo unos breves instantes de antelación. Se trata de “un gran desafío de ingeniería”, dijo Kadri. Por ahora, la ciencia está realizando varios experimentos con los que llegar a un diseño funcional que pueda sostener esta teoría.

Refugios flotantes

Pasará mucho tiempo antes de que las poblaciones costeras puedan vivir sin miedo a ser azotadas por un tsunami. Eso significa que los refugios son de vital importancia, pero ciertos países están más dispuestos a implementarlos que otros. Sus diseños también varían considerablemente, desde bunkers a prueba de agua hasta refugios colocados en elevaciones del terreno que pueden mantener a las personas con vida durante días o semanas.

Murty explicó que en gran parte de las zonas costeras de India, ya hay miles de refugios para ciclones tropicales “extremadamente bien construidos”. Se suelen ubicar en lo alto de la línea de inundación, lo que evita que el oleaje los destruya. Son capaces de alojar a varios cientos de personas, y se usan no solo como refugio, sino también para albergar escuelas, centros comunitarios, hospitales improvisados…

El litoral del Pacífico en los Estados Unidos, que algún día será golpeado por un tsunami colosal, no tiene ningún refugio de este tipo, pero las cosas están cambiando poco a poco. En 2014, el primer refugio contra tsunamis se construyó en una escuela en Washington. El edificio fue reforzado con hormigón y acero, y el gimnasio se ubicó en el segundo piso, donde puede dar refugio a 1.000 personas en caso de que un potente tsunami pase por debajo.

Estos refugios verticales se pueden ver en otras partes del mundo. La Torre Nishiki en Taiki, Japón, cuenta con un refugio en el piso superior que protegería a 250 personas en caso de que llegue un tsunami. Después de 2011, los edificios costeros a lo largo del país deben tener una altura similar.

Las empresas privadas también están construyendo diferentes tipos de refugios. Por ejemplo, STATIM (Storm, Tornado and Tsunami Interconected Modules) ha patentado un diseño para un refugio que es una versión más pequeña de los bunkers para ciclones de la India. Una diferencia clave es que, aunque están atados al suelo, estos refugios pueden flotar y permitirían a las personas que se encuentran dentro –literalmente–navegar sobre las olas.

Los expertos coinciden en que existen muchos métodos para salvar vidas más allá de los refugios, que además solo son posibles si el país tiene los recursos para construirlos. Los sistemas de alerta y la educación de la gente, también son vitales. Como todavía no podemos vencer a los tsunamis, también son vitales unas medidas de evacuación efectivas. El profesor Katsu Goda con el que hablábamos al principio considera que son “la mejor solución que tenemos para salvar a muchas personas”.

“Lo ´unico que sé seguro es que cualquier defensa física puede fallar”, dijo.