Arabia Saudí no es capaz ni de defenderse sin el apoyo explícito de Estados Unidos”, afirmó el senador republicano Lindsey Graham, en una entrevista con Fox News.

Las altas esferas políticas de Washington tratan de desvincularse de sus aliados saudíes, al menos, hasta que el príncipe heredero Muhamad bin Salman tenga las riendas del poder.

Graham dijo que el Congreso sopesa todas las posibilidades para presionar a los saudíes para que cambien su comportamiento. En especial, después del caso del asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi, en cuya muerte, según la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés), estuvo involucrado el príncipe heredero.

Pero mientras el Congreso trabaja en este sentido, la prioridad de la Casa Blanca parece ser otra. Donald Trump se niega a cortar lazos con los saudíes o mejor dicho, se niega a perder el dinero de los saudíes.

Por eso, ha restado importancia al asesinato de Khashoggi, e incluso, mientras el Senado votaba para limitar la venta de armas a Riad, el Gobierno de Trump firmó un contrato de 15 000 millones de dólares con los saudíes para venderles sistemas de defensa aérea.

El Congreso, sin embargo, quiere asegurarse de que no se siga vendiendo armas a los saudíes. Más que por la moralidad, porque teme consecuencias políticas y militares.

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