Jair Bolsonaro empuja un cliché geopolítico con reminiscencia a Donald Trump: primero Brasil. Y como hace Trump desde que llegó a la Casa Blanca, el próximo presidente brasileño hará jaque al orden vigente y propondrá a Mauricio Macri que el Mercosur permita tratados bilaterales al margen del bloque regional. Eso implica que el Mercosur mutará su esencia, que la negociación con la Unión Europea puede encallar y que Brasil recupera su liderazgo en América Latina, tras la crisis institucional que hundió su economía, su sistema de partidos y su rol en el cono sur.

La definición exacta del Mercosur significa que sus cuatro socios –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—no pueden hacer acuerdos comerciales excluyendo a sus aliados regionales. La pretensión institucional era que un bloque sólido en América Latina permitía negociar con mayor fortaleza frente a otros bloques o distintas potencias globales. Pero la caída del Muro de Berlín, el ascenso pacífico de China, la debilidad de la Unión Europea –aún antes del Brexit– y la llegada de Trump a la Casa Blanca, reveló que la idea de unir la voluntad de los cuatro países para alcanzar acuerdos que por separado era casi un sueño diplomático.

La aspiración de Bolsonaro, que no disgusta a Macri, consiste en preservar al Mercosur y hacer más laxas sus normas referidas a los acuerdos bilaterales. El futuro presidente del Brasil quiere cerrar sus propios tratados y el Mercosur en su actual dimensión institucional traba sus pretensiones de poder. Si Argentina, Paraguay y Uruguay no encuentran un punto de contacto con el pensamiento nacionalista/proteccionista de Bolsonaro, el Mercosur se transformará en una ruina del sistema internacional.

En sus negociaciones con Bolsonaro, Macri extrañará su agenda diplomática de principios de 2018: en esa época, viajaba a Davos con una economía que funcionaba y se encontraba en París con Emmanuel Macron para avanzar en la firma del tratado Mercosur-Unión Europea (UE). Ahora, de esa agenda multilateral, quedaron unas pocas imágenes ajadas por la realidad política.

Macri no tiene razones para cambiar su posición diplomática sobre Venezuela. Fue el primero en denunciar a Maduro y empujó en soledad una agenda diplomática. La posición de Bolsonaro con Venezuela añadirá más tensión al Mercosur. Argentina será presidente pro tempore del Mercosur cuando asuma Maduro, y Uruguay ha exhibido con este líder populista una postura siempre conciliadora. Entonces, la situación interna del bloque regional no será univoca: Brasil junto a Estados Unidos, Argentina en una posición intermedia apoyada por Paraguay y Uruguay junto a Maduro alegando el concepto de la libre determinación de los pueblos.

El 16 de enero, Macri se encontrará en Brasilia con Bolsonaro. Comenzará una nueva etapa en la relación bilateral entre Argentina y Brasil. Un ciclo protagonizado por un líder nacionalista y un presidente que busca su reelección atado a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Puro realismo mágico, en tiempos de Trump y Xi Jinping, el líder chino que planifica desalojar a Estados Unidos como primera potencia mundial.

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