“Queremos que su economía sea más débil ya que una economía fuerte respalda un fuerte poder militar”, dijo el sábado John Herbst, exembajador de EE.UU. en Ucrania, en una entrevista con el canal ucraniano Priami.

De esta manera, Washington no quiere permitir que un “Estado agresivo” como Rusia, según sus palabras, “tenga un Ejército fuerte y una Armada fuerte”, y así las sanciones antirrusas sirven a los intereses norteamericanos.

El actual director del Centro Eurasiático del Consejo Atlántico defendió, asimismo, las medidas de este tipo de Estados Unidos contra la Federación Rusa, diciendo que han tenido un efecto negativo en la economía rusa.

En este contexto, el exdiplomático se refirió a los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que, a su juicio, debido a las sanciones, el Producto Interno Bruto (PIB) de Rusia pierde al menos un 1 % por año.

Estas declaraciones vienen después de que la Unión Europea (UE) decidiera el jueves prolongar por otros seis meses las sanciones económicas contra Rusia, impuestas en el año 2014 por la crisis en el este de Ucrania.

La prolongación de las sanciones antirrusas de la UE se producen en momentos en los que han aumentado las tensiones entre Kiev y Moscú por un incidente naval a finales de noviembre en el mar de Azov, situado entre Crimea —reincorporada en 2014 a Moscú— y el este de Ucrania —escenario de un conflicto que enfrenta a Ucrania y a los independentistas—.

Las relaciones entre Moscú y Washington y Bruselas sufren serias tensiones por diversos asuntos, entre ellos figuran Crimea y el conflicto en el este de Ucrania, dos asuntos por el que tanto la UE como EE.UU. ha impuesto varias rondas de sanciones económicas a Rusia.

Sin embargo, Rusia, que rechaza las acusaciones planteadas por el Occidente respecto al papel del Kremlin en la crisis ucraniana, insiste en que acciones de este tipo son contraproducentes y ha respondido con medidas punitivas contra los sancionadores.

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