“Rusia y otros países, incluidos China e Irán, realizaron campañas de influencia y propaganda dirigidas contra EE.UU. y orientadas a promover sus propios intereses estratégicos”, afirmó el viernes el director de la Inteligencia Nacional estadounidense, Daniel Coats, en un comunicado.

No obstante, y según agregó Coats en la nota, la Inteligencia norteamericana no ha hallado ninguna prueba que apunte a que la infraestructura electoral hubiese sido vulnerada de tal forma que ello habría impedido la votación o incidido en los resultados del escrutinio u obstaculizado el cómputo de sufragios.

En este sentido, Coats señaló que la Inteligencia estadounidense no evaluó el impacto de esas presuntas campañas de influencia en los comicios de medio mandato.

Irán, Rusia y China han sido objeto, en un sinfín de ocasiones, de infundadas “acusaciones” lanzadas por Washington, que, varias veces, ha utilizado esas afirmaciones a modo de pretexto para adoptar medidas punitivas contra Teherán, Moscú y Pekín.

De hecho, las imputaciones de injerencia electoral son especialmente delicadas en Estados Unidos dada la vorágine política sobre la supuesta intervención de Rusia para apoyar al presidente estadounidense, Donald Trump, en las elecciones presidenciales de 2016, afirmación rechazada rotundamente por Moscú.

Las elecciones del pasado noviembre supusieron un duro revés para el presidente de EE.UU., pues la oposición demócrata se hizo con la mayoría en la Cámara de Representantes —circunstancia que no se daba desde 2010—, mientras que el Partido Republicano, al que pertenece el mandatario, mantuvo su predominio en el Senado.

El triunfo de los demócratas constituye un gran desafío para el inquilino de la Casa Blanca, ya que estos, muy críticos con las políticas de Trump, ya podrán bloquear sus iniciativas, investigar sus finanzas y ahondar en la presunta colusión de 2016 entre su equipo de campaña y Rusia, lo que incrementa la posibilidad de que se inicie un proceso de destitución contra el presidente estadounidense.

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