Stephen Cohen, politólogo e historiador de la universidad de Princeton (EE.UU.), descarta la postura de ciertos medios de comunicación que han asegurado que el retiro de tropas estadounidenses de Siria y Afganistán es una medida que beneficia a Rusia al dejar el territorio libre de la influencia de Washington.

En un análisis publicado en The Nation, Cohen sostiene que tal decisión no es «un regalo para Putin», como lo han querido hacer ver algunos columnistas, y rememora los innumerables esfuerzos del presidente ruso para generar conjuntamente con Washington una alianza antiterrorista en busca de seguridad para todos.

«Pero, ¿por qué querría el presidente ruso no tener a EE.UU. como aliado en la lucha contra el terrorismo en estos dos países, que Moscú ha considerado durante mucho tiempo como su patio geopolítico?», pregunta el experto, al señalar las amenazas a Rusia que conllevaría la victoria de los extremistas en esas naciones.

Durante diecisiete años, ha buscado una alianza antiterrorista total con los Estados Unidos, primero con el presidente George W. Bush después del 11S, luego con el presidente Barack Obama, siempre en vano», señaló el historiador al referirse al mandatario ruso, Vladimir Putin.

«Como candidato y luego como presidente, Trump parece querer aprovechar la oportunidad, pero se ha visto frustrado por los fanáticos del Russiagate», agregó.

«Acusaciones ridículas»

Además, el politólogo enmarca esos criterios de la prensa dentro de «uno de los peores períodos del pensamiento ‘geopolítico’ estadounidense en las últimas décadas», junto con las «ridículas acusaciones» de supuesta injerencia rusa en las últimas elecciones presidenciales.

Cohen también asegura que tanto Rusia como EE.UU. tienen entre sus altos cargos algunos enemigos de la cooperación mutua y que, por lo tanto, es necesario realizar reuniones secretas entre los dos mandatarios, con lo cual cuestiona a aquellos que han acusado a Trump de «traicionero» tras reunirse en privado con Putin.

Finalmente, Cohen abordó el creciente peligro de una nueva carrera de armamentos nucleares, materia en la que se requiere de la cooperación de EE.UU., hoy «destrozada por la Nueva Guerra Fría y por las acusaciones no comprobadas de Russiagate».

 

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