El parlamento de Irak debatirá la constante presencia militar estadounidense en el país, un tema que ha dividido a los principales partidos políticos iraquíes, tanto suníes como chiítas.

La visita sorpresa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Irak el año pasado, junto con sus anuncios de la constante presencia militar de Washington en el país, ocasionó una serie de reacciones de parte de los grupos políticos.

Los grupos chiítas más importantes, como la Coalición Sairoon de Muqtada al-Sadr, que mantiene su distancia de Teherán, desearían ver el fin de la presencia militar de Estados Unidos.

Los pro iraníes de la Alianza Fatah, cuyo componente principal es el grupo miitante Hashd al-Shaabi, han descrito la continua presencia militar de los Estados Unidos como un “desafío”.

Asaeb Ahl al-Haq, un subcomponente militante del Hashd al-Shaabi, anunció que estaba listo para expulsar a los soldados estadounidenses del país por la fuerza si llegara a ser necesario.

Por su parte, Ammar al-Hakim, líder del Movimiento Nacional por el Desarrollo y la Reforma, liderado por los chiítas, dijo: “La política de utilizar el territorio iraquí para atacar a nuestros vecinos [es decir, Irán] no es de nuestro interés nacional y amenaza nuestra seguridad”.

Y Ali al-Sistani, la personalidad religiosa chiíta con más autoridad de Irak, declaró: “Nos negamos a ser utilizados [por Estados Unidos] como un escenario para dañar a otros países”.

En contraste, Nouri al Maliki, ex primer ministro del país entre 2006 y 2014, conocido por sus vínculos cercanos con Teherán, aseguró que la presencia militar de Estados Unidos aún es necesaria para asegurar a Irak.

“Estados Unidos, los expertos militares, asesores e instructores aún son necesarios aquí”, advirtió Al Maliki en declaraciones recientemente emitidas en los canales de televisión iraquí.

El mes pasado, el primer ministro Adil Abdul-Mahdi afirmó que ya no había bases militares extranjeras en Irak.

“La misión actual de todas las fuerzas extranjeras [que operan en Irak], incluidas las fuerzas estadounidenses, se limita a las operaciones contra Daesh y al entrenamiento y asesoramiento de las fuerzas iraquíes”, explicó Abdul-Mahdi.

El presidente del Parlamento, Mohamed al Halbousi, entre tanto, asegura que Irak todavía necesita apoyo internacional en su lucha contra el terrorismo.

“Planeamos discutir el tema [es decir, la presencia continua de fuerzas extranjeras] en la asamblea, pero hasta entonces tenemos que garantizar la estabilidad de Irak”, declaró Al Halbousi.

Desde la invasión y ocupación de Irak liderada por Estados Unidos en 2003, el Ejército estadounidense se ha desplegado y operado en nueve bases en todo el país, aunque Washington retiró un número significativo de soldados por medio del establecimiento de nuevas bases.

La Base Victoria, por ejemplo, ubicada junto al Aeropuerto Internacional de Bagdad, sigue siendo utilizada con fines de entrenamiento.

En 2014, el ejército estadounidense lanzó una serie de operaciones contra Daesh desde el Campamento Al-Taqaddum y la Base Ayn al-Assad, ambas ubicadas en la provincia de Anbar, en el occidente de Irak.

En los casi cinco años que han transcurrido desde entonces, las tropas estadounidenses han utilizado otras bases existentes en la guerra contra Daesh, incluidas las bases K1, Qayyarah y Harir.

 

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