John William King, un supremacista blanco estadounidense, fue ejecutado ayer en Texas por medio de la inyección letal, por matar a un hombre afroamericano, encadenándolo y arrastrándolo con su camioneta.

Al hombre, quien tenía 44 años y no tuvo derecho a una última comida, la Corte de Estados Unidos le denegó la última posibilidad de suspender su ejecución, minutos antes de su muerte, a las 7:08 hora local.

John William King es uno de los tres convictos por el asesinato, en junio de 1998, de James Byrd, y recibió la inyección letal en la cárcel de Huntsville, en Texas. Fue condenado a la pena capital en 1999 por haber participado con otros dos blancos en el homicidio.

La noche del 7 de junio de 1998 fingió que quería acompañar en auto a ese hombre afroamericano de 49 años que regresaba caminando a su casa tras una fiesta. King, junto a sus amigos Shawn Allen Berry y Lawrence Russell Brewer, golpearon, defecaron encima y, finalmente, encadenaron a James Byrd de las muñecas a una camioneta y lo arrastraron por un camino durante cerca de tres kilómetros.

Berry dijo en el juicio que King, Brewer y él bebieron cerveza, salieron de parranda en una camioneta y en la carretera le ofrecieron a Byrd llevarlo con ellos en el vehículo. Luego lo condujeron hasta un camino remoto, donde lo golpearon brutalmente y lo encadenaron a la parte trasera del vehículo.

Según los médicos forenses, Byrd sufrió terriblemente y se decapitó cuando su cabeza golpeó un tubo de cemento.

Poco después, los tres hombres tomaron el cadáver y lo tiraron delante de la iglesia Huff Creek Road, frecuentada por afroamericanos, en la localidad de Jasper. Cuando King, Brewer y Berry concluyeron el asesinato, se fueron a cenar.

En menos de 48 horas, la policía local había interrogado a Berry y King, ambos entonces de 23 años, y a Brewer, que tenía 31 años.

Los dos últimos, que se habían unido a una banda de supremacistas blancos durante una estancia en prisión, fueron condenados a la pena capital en juicios distintos.

Durante el proceso de John King, en 1999, miembros de Ku Klux Klan y los Panteras Blancas se manifestaron en Jaspet.

El padre del hombre que ayer fue ejecutado pidió en ese momento la reconciliación racial. “Todos somos seres humanos, negros y blancos, debemos aprender a amarnos entre nosotros y no a odiarnos”.

El asesinato, diez años más tarde, provocó la creación de una ley federal para reforzar la lucha contra los delitos motivados por el racismo, la homofobia y todo tipo de odio. Esa ley fue aprobada en nombre de James Byrd y de Matthew Shepard, un joven homosexual que fue golpeado hasta la muerte.

Hace unos días, John King, en una carta dirigida a un periódico texano, reivindicó su inocencia y aseguró que no estuvo en el lugar del crimen.

Sin dar explicaciones sobre las pruebas de ADN suyas encontradas en la indagatoria, añadió que fue “perseguido” por “expresar abiertamente” su “orgullo por su raza”.

En la audiencia no tomó la palabra, pero dejó que sus abogados acusaran al sistema carcelario de Texas por su radicalización. Según ellos, el hombre fue violado por presos negros y luego se puso bajo la protección de una banda con ideas extremistas.

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