Sin lograr consenso, ni contar con bases sólidas, la reciente creación del Foro para el Desarrollo de América del Sur (Prosur) es considerada contraproducente y hay quienes vaticinan que lejos de integrar, podría fracturar la unidad regional. Bajo el impulso de los presidentes de Chile, Sebastián Piñera, y de Colombia, Iván Duque, el 22 de marzo se firmó en Santiago la declaración que puso en marcha Prosur.

Aunque sus promotores se empeñaron en presentarlo como un organismo ‘sin ideologías’, los países fundadores provienen del autodenominado Grupo de Lima, instituido en 2017 para acompañar a Estados Unidos en su cruzada contra Venezuela.

De hecho, el nuevo foro dejó fuera a las autoridades venezolanas e invitó a su reunión inicial al autoproclamado presidente encargado de ese país, Juan Guaidó, quien a la postre no asistió al cónclave.

La declaración firmada en el Palacio de la Moneda señala la voluntad de construir y consolidar un espacio regional de coordinación y cooperación, ‘sin exclusiones’ para avanzar hacia una integración más efectiva.

Pero más allá de lo plasmado en el texto, es evidente que uno de los propósitos del foro es acabar con los procesos integracionistas regionales y, en particular, con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

El propio presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se encargó de confirmarlo cuando -a su llegada a Chile- declaró que intentaría junto a los demás presidentes suramericanos ‘sellar el final de Unasur’.

En un artículo titulado ‘Prosur, el nuevo mecanismo para no integrar a Latinoamérica’, publicado en el periódico The New York Times, el investigador Juan C. Herrera considera que la fundación de Prosur es una solución errónea.

Más que crear un nuevo mecanismo, habría sido útil resguardar la única iniciativa que tenía a los 12 países suramericanos sentados en una misma mesa: la Unasur, señala.

El miembro del Instituto alemán Max Planck de Derecho Público Comparado y Derecho Internacional Público afirma que, además de dividir a la región, Prosur es contraproducente por una cuestión pragmática.

Según su criterio, ‘la replicación de las entidades regionales genera solapamiento tanto en los objetivos como en las funciones de cada institución. En vez de complementarse, los organismos suramericanos de integración colisionan o se alejan entre ellos’, advierte.

Herrera asegura que en materia de movilidad de bienes y personas la existencia de distintos estándares establecidos por organismos de integración y por tratados de libre comercio ha dado lugar a lo que se denomina el efecto ‘tazón de espagueti’, en el que se entrelazan reglas de distintos acuerdos en direcciones diferentes y hasta contradictorias.

El maíz está en la base histórica y cultural de la cocina latinoamericana y sirve para ilustrar este problema. Una producción de maíz que se cultiva en Argentina tendrá que pagar distintos aranceles para exportar este producto a Colombia o Perú y, en ciertos casos, Estados Unidos tiene más beneficios que los propios países latinoamericanos, recordó.

La creación del Foro para el Desarrollo de América del Sur fue respaldada por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Guyana.

Sin embargo, Prosur no alcanzó consenso en Santiago y países como Bolivia, Uruguay y Surinam no suscribieron el documento constitutivo.

‘Prosur se mueve fundamentalmente por intereses políticos de subordinar a los gobiernos latinoamericanos a Estados Unidos’, escribió en las redes sociales el presidente de la Cámara de Diputados de Bolivia, Víctor Borda.

Tras reiterar su apoyo a la Unasur, el ministro de Gobierno boliviano, Carlos Romero, advirtió, por su parte, sobre la existencia de dos concepciones en pugna: una que restringe la integración a las relaciones comerciales y otra que la concibe como la posibilidad de constituir plataformas donde la reciprocidad, solidaridad y complementariedad entre los pueblos sean los principios sustentadores.

Uruguay también fue enfático al advertir que no estará en el recién promovido Prosur. ‘Ni como observadores, simplemente no lo apoyamos’, afirmó en una entrevista concedida a Prensa Latina el subsecretario de Relaciones Exteriores Ariel Bergamino.

El diplomático se mostró particularmente crítico con el argumento de que Unasur adoptó un exceso de ideología, lo que le parece un pretexto inadecuado y simplificador.

En ese sentido recordó que en Santiago hubo ‘intervenciones y discursos de presidentes y cancilleres que fueron muy ideológicos, sin que me parezca mal que haya esos contenidos, pero no lo neguemos’, apostilló.

Uruguay no considera necesario crear nuevas instituciones sin haber optimizado las existentes.

En América Latina existen varios mecanismos de integración, entre ellos vale mencionar Unasur, el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), la Comunidad del Caribe (Caricom), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), Petrocaribe y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Unasur surgió en 2008 y entre sus logros figuran la creación de un Consejo Suramericano de Defensa, las misiones electorales y el papel desempeñado para dirimir tensiones entre países vecinos.

Otros de sus aportes fueron la fundación de un centro de solución de controversias en materia de inversiones y libre movilidad de las personas, la lucha contra el problema mundial de las drogas y la homologación de títulos a nivel regional.

Tras la llegada al poder en la región de gobiernos de la derecha, varios países abandonaron la organización y sus miembros se redujeron de 12 a cinco: Bolivia, Guyana, Surinam, Uruguay y Venezuela.

En las actuales circunstancias, en que Prosur pretende suplantar a la Unasur, vale recordar algunas de las implicaciones que tendría para la región la desactivación de la Unión de Naciones Suramericanas.

Dentro de las más inmediatas figura el abandono de derechos como los permisos temporales para más de tres millones de trabajadores, el fin de las facilidades para viajar a otro país sin necesidad de pasaporte, sino con la cédula de identidad, y el cese de proyectos como el banco regional de precios para los medicamentos.

Para el exsecretario general de Unasur Ernesto Samper, la creación del Foro para el Desarrollo de América del Sur en detrimento de la Unión de Naciones Suramericanas profundizará la división regional, además de implicar la renuncia a un trabajo concertado y acumulado durante más de 10 años.

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