Corea del Norte intentó cobrarle a EE.UU. una factura de 2 millones de dólares por la atención médica que le dio al estudiante estadounidense Otto Warmbier que fue arrestado en ese país y condenado a 15 años de cárcel con trabajos forzados por supuestamente robarse un afiche en un hotel de Pyongyang, capital norcoreana, informa este jueves The Washington Post.

El informe indica que la factura de la que no se sabía nada hasta el momento fue presentada y firmada por el enviado de EE.UU., Joseph Yun, en misión para sacar a Warmbier del país asiático y que fue parte de una instrucción dada por el propio presidente Donald Trump, según indica el medio, citando dos fuentes.

La factura fue remitida al Departamento del Tesoro de EE.UU., donde permaneció sin ser liquidada durante 2017, según contaron al diario dos personas conocedoras del caso. Sin embargo, no está claro si el Gobierno estadounidense ha procedido posteriormente a su pago o si esta cuestión fue uno de los temas abordados por Trump durante las dos cumbres que ha mantenido en el último año con el líder norcoreano, Kim Jong-un.

Warmbier, de 22 años, fue detenido el 1 de enero de 2016. El joven cayó en coma por razones que se desconocen, aunque las autoridades norcoreanas no informaron de su estado a Washington hasta junio de 2017 cuando fue liberado.

Los médicos involucrados en el examen médico del estudiante estadounidense presentaron ante un tribunal de distrito federal en Washington, un informe en el que concluían que los dientes del susodicho “estaban dislocados” y la mandíbula “dañada por fuerza física externa”. Sin embargo, el director del hospital norcoreano ha afirmado que la referida evaluación médica estaba “influenciada por propósito egoísta o interés político”.

Los padres de Warmbier presentaron una demanda judicial contra el Gobierno de Corea del Norte en un Tribunal Federal del Distrito de Columbia, en Washington, acusando a Pyongyang de “toma de rehenes, detención ilegal, tortura y asesinato” del estudiante para “extraer varias concesiones del Gobierno de EE.UU.”.

Pyongynag, no obstante, desmintió tales acusaciones, tachándolas de una “campaña de difamación” en su contra, por la que, EE.UU. “pagará caro”, según advirtió el país asiático en febrero del 2018.

 

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